ADICCIÓN (texto del libro El asiento del alma, de Gary Zukav)

Usted no puede iniciar siquiera la tarea de liberarse de una adicción en tanto no reconozca que es adicto a algo. No es posible reducir el poder de una adicción hasta que uno se da cuenta de que la tiene. La personalidad racionaliza sus adicciones y las justifica, las viste con ropajes atractivos. Las presenta ante sí y ante los demás como algo deseable o beneficioso. Una persona adicta al alcohol, por ejemplo, se dirá a sí mismo y a los demás que beber es una forma de desentumecerse, de relajarse después de un día tenso, de divertirse, y que por tanto es constructivo. La persona adicta al sexo se dirá a sí misma y a los demás que los encuentros sexuales fortuitos son manifestaciones de intimidad o de cariño, que reflejan una percepción evolucionada y liberada, y que, por tanto, son deseables.

Reconocer las propias adicciones exige un serio trabajo interior. Exige que usted mire de cerca y con claridad los puntos en los que pierde poder en su vida, los puntos que están controlados por circunstancias externas. Exige ir más allá de sus defensas y excusas. Aun cuando, buscando algo con claridad, o aun cuando en las circunstancias externas se encuentren las evidencias de una adicción (un accidente por conducir bebido, o un matrimonio roto por infidelidad), la personalidad (el ego) suele aferrarse en un principio a la idea de que su adicción no es un problema grave, sino un pequeño problema; luego, lo ve como un problema más grande y, finalmente, como un problema importante.

¿Por qué se resiste la personalidad a reconocer sus adicciones?

Reconocer una adicción, aceptar que usted tiene una adicción, es reconocer que una parte de usted está fuera de control. La personalidad se resiste a reconocer sus adicciones porque esto la obliga a decidir si deja una parte de sí fuera de control o si va a hacer algo por resolverlo. En cuanto se reconoce una adicción, ya no se puede ignorar, y no se puede liberar uno de ella si no cambia de vida, si no cambia la imagen que tiene de sí mismo, si no cambia todo su marco perceptivo y conceptual. Pero no queremos hacerlo, porque nuestra personalidad (ego) nos lleva a resistirnos a todo cambio, de ahí que nos resistamos a reconocer nuestras adicciones.

Una adicción no es meramente una atracción. Es natural que hombres y mujeres se admiren mutuamente, por ejemplo, y es natural sentir atracción mutua. Una adicción es más que eso. La adicción se caracteriza por el magnetismo y por el miedo. Hay atracción más miedo, además de una sacudida de energía que no guarda proporción con la situación. Las atracciones constituyen una parte grata de la vida. Se pueden satisfacer y dejar atrás, pero las adicciones cuesta más trabajo.

La adicción no puede ser saciada. Una adicción sexual, por ejemplo, no puede satisfacerse con el sexo.
El sexo sin reverencia, como los negocios sin reverencia y la política sin reverencia, y cualquier otra actividad que se haga sin reverencia, es un reflejo de una sola cosa: un alma que se hace presa sobre otra alma más débil. Así pues, para salir de una adicción sexual, uno tiene que recordarse, cuando se percata de que siente esa atracción, que en ese momento se siente impotente y está deseando hacer presa en un alma más débil que la suya propia.

En otras palabras, cuando usted sienta el tirón de la adicción sexual, dese cuenta de que se encuentra usted en una situación de impotencia que le lleva a desear utilizar a los demás para salir a la superficie dentro de usted. Ese deseo se siente como una atracción sexual. Recuérdese claramente qué es lo que se ha encendido dentro de usted. Esto no quiere decir que no sienta usted una atracción física sino que, por debajo de ella, lo que hace que usted quiera actuar es una dinámica diferente, una dinámica de impotencia.
Deje que esta idea penetre profundamente dentro de usted, de modo que, en ese punto, si quiere actuar en función de su adicción, se vea obligado a valorar su propia realidad.
¿Qué significa esto?
Si está usted casado o mantiene una relación monógama, recuérdese que el dejarse llevar por ese impulso puede costarle el matrimonio o la relación.
Observe con detenimiento la dinámica en la cual se halla inmerso, y verá que, cuando un alma intenta hacer presa sobre otra alma más débil, y el alma débil responde, ambas almas son el alma más débil. ¿Quién es el depredador y quién es la presa? ¿de verdad existe alguna diferencia?

Sumérjase en su propio miedo, en su propia sensación de anhelar un trago o un revolcón con una pareja distinta. Pregúntese hasta el punto de revisar concienzudamente todas las ocasiones en su vida en que pensó todo lo que podría obtener con aquello, y enfréntese a lo que obtuvo.

Aférrese a la idea de que es usted quien crea sus experiencias. Su miedo proviene del hecho de darse cuenta de que una parte de usted está creando una realidad que no le gusta, tanto si usted lo quiere como si no, y del sentimiento de verse impotente para impedirlo, cuando no es así. Usted no es impotente para impedirlo. Usted puede impedirlo.

Entender esto es crucial: SU ADICCIÓN NO ES MÁS FUERTE QUE USTED. No es más fuerte que quien usted quiere ser. Aunque quizá lo sienta usted de este modo, la adicción solo podrá vencer si usted lo permite. Como cualquier otra debilidad, no es más fuerte que el alma, ni que su fuerza de voluntad. Su fuerza solo indica la cantidad de esfuerzo que hay que aplicar para que se dé la transición, para que se convierta usted en un todo en esa área de su vida que necesita ser sanada.

Reconozca que lo que usted está haciendo, cuando teme ser tentado y cree que no va a ser capaz de resistir la tentación, es crear una situación que le va a dar el permiso para actuar de forma irresponsable. La experiencia de querer ser tentado con el fin de ponerse a prueba a usted mismo es el acto de generar una oportunidad para conducirse de forma irresponsable, de decirse a sí mismo: “Sabía que no podría hacerlo”; y entregarse a su adicción. La clave de crear una tentación más grande estriba en que usted no desea responsabilizarse de su decisión.

Cuanto más grande sea el deseo de su alma por sanar su adicción, más grande será el costo de mantenerla. Si usted (si su alma) ha decidido sanar ahora de una adicción, se dará cuenta de que la decisión de seguir con la adicción tendrá como costo aquello que más se estima. Puede ser su esposa o su marido, su salud física, su carrera profesional, etcétera.

Y esto no es el producto de un universo cruel o de un dios malicioso. Es la respuesta compasiva a su deseo de curarse, de convertirse en un todo.

Por la magnitud de los costes de su adicción puede usted medir cuán importante es para su alma sanar esa adicción, así como la fuerza de su propia intención interior para hacerlo.

Intente darse cuenta (darse cuenta de verdad) de que, entre usted y una vida diferente, se interponen cuestiones que tienen que ver con una decisión responsable. En los momentos de miedo, lo que ilumina su pensamiento el poder y la magnitud de su propia decisión. Reconozca lo que es su propio poder de decisión. Usted no está a merced de su adicción ni de su insuficiencia. La intención que le va a dar poder debe proceder de un lugar en su interior que sugiere que usted es perfectamente capaz de tomar decisiones responsables y de extraer poder a partir de ellas, que puede usted tomar decisiones que le den poder y no se lo quiten, que es usted perfectamente capaz de actuar en dirección a la totalidad. Ponga a prueba su poder de decisión, porque cada vez que decida en la dirección correcta le restará más y más poder a su adicción, e incrementará su poder personal cada vez más.

Cuando esté trabajando sobre su debilidad y sienta los distintos niveles de la atracción adictiva, formúlese las preguntas críticas del espíritu: si se deja llevar por esos impulsos, ¿incrementará su nivel de iluminación? ¿le proporciona un poder genuino? ¿le convertirá en una persona más amorosa? ¿le proporcionará un mayor nivel de integración o totalidad? Hágase esas preguntas.

Ésa es la manera de salir de la adicción: atraviese y evalúe su realidad paso a paso. Hágase consciente de las consecuencias de sus decisiones, y decida en consecuencia. Cuando sienta en su interior la atracción adictiva del sexo, del alcohol, de las drogas, de la comida que no le hace bien o de lo que sea, recuerde estas palabras: usted está de pie entre dos mundos, el de su yo menor y el de su yo pleno. Su yo menor es tentador porque no es tan responsable, ni tan amoroso, ni tan disciplinado, y por eso le atrae. La otra parte de usted es una parte íntegra y total, y es más responsable, más cariñosa y está más autorizada, pero exige de usted que emprenda el camino del espíritu iluminado: la vida consciente. Vida consciente. La otra opción es el permiso inconsciente para conducirse sin consciencia. Sí, resulta tentador.
¿qué decide?, ¿qué prefiere?
Si su decisión es convertirse en un todo, mantenga esa decisión. La tentación no será tan grande ni tan aterradora como usted cree. Mantenga su postura y recuérdese una y otra ve que usted se encuentra entre su yo menor y su yo total. Decida con sabiduría, porque ahora tiene todo el poder en sus manos. No subestime el poder de la consciencia. A medida que viva conscientemente y tome decisiones conscientes en cada momento, cada día, sentirá cómo aumenta su fuerza y cómo su yo menor se desintegra.
Cuando usted se decida a aumentar su poder, la parte de usted a la que usted se enfrenta, la tentación a la que desafía, emergerá a la superficie una y otra vez. Cada vez que usted se enfrente a ella, usted obtendrá poder y la tentación lo perderá. Si usted se enfrenta a una adicción al alcohol, por ejemplo, y usted siente la atracción de beber doce veces el mismo día, enfréntese a esa energía todas y cada una de las veces. Si usted contempla cada reiteración como una oportunidad que, como respuesta a su intención, se le ofrece para que se libere de su insuficiencia y adquiera poder sobre ella, usted habrá optado por el sendero del aprendizaje a través de la sabiduría, pues eso es lo que realmente es.
La primera vez que usted se enfrente a su adicción, y la segunda, y la tercera, quizá tenga la sensación de que no consigue nada. ¿Acaso piensa que el poder auténtico se puede cultivar y conseguir de forma tan fácil? Pero, a medida que se reafirme en su intención, y opte una y otra vez y otra vez por convertirse en su totalidad, usted acumulará poder, y la adicción que usted creía que no podría vencer perderá el poder que tenía sobre usted.

Cuando usted se enfrenta a una adicción y opta por convertirse en un todo, usted sintoniza con la ayuda no física. El que tiene que hacer el trabajo es usted, claro está, pero siempre tendrá ayuda. Hay mucha alegría en el mundo no físico cuando un alma se libera de algo negativo importante, y cuando la calidad de su consciencia se eleva hasta las frecuencias superiores de la Luz. Por tanto, no sufra en soledad, porque no existe la soledad.
Véase como una persona que está en proceso de curación, y sea consciente de la complejidad de lo que necesita sanar. No crea que es usted el único ser humano con problemas tan complejos. Toda experiencia humana trata de lo mismo: del viaje a la totalidad. Mire a su alrededor y dese cuenta de que nadie es una totalidad, de que todas las personas están en proceso de ser una totalidad. Si fueran una totalidad, no estarían en el plano físico. En otras palabras, no está solo; está en compañía de millones de almas.

Cuando se haya esforzado suficientemente, tómese tiempo para apreciar lo que ha hecho. No insista en mirar a lo lejos el camino que aún le queda por recorrer. Regocíjese con lo que ha conseguido. Esto no significa que se deje caer de nuevo en su adicción.

Su adicción no es insuperable. No es abrumadora. Pregúntese si realmente quiere liberarse de ella. Para liberarse tendrá que sumergirse en sus insuficiencias, reconocer que son reales y ponerlas bajo la luz de la consciencia para que sanen. Es necesario mirar profundamente en aquellas partes de sí mismo que tanto poder tienen sobre usted; Quizá su adicción le haya proporcionado mucho placer en su vida. Pero, ¿qué es más importante para usted, su totalidad, y su libertad, o los placeres que obtiene cuando satisface su adicción?

Cuando usted comprende que su adicción es el resultado de una insuficiencia, conviene preguntarse cómo responde uno ante su insuficiencia: ¿Tomándose otra copa, un atracón de comida o dándose un revolcón con alguien, o bien buscando dentro aquello que puede llenar la totalidad? Pregúntese cuán fuerte es el poder de su adicción, cuán profundo siente su atracción.

En última instancia, usted emprenderá el sendero superior, pero si usted desea posponer el viaje durante un día, una semana o meses o años o varias vidas, no hay problema. Usted emprenderá el camino de la consciencia, cuando su deseo de sabiduría sea lo suficientemente profundo. Pero, ¿para qué esperar, si más pronto o más tarde ése va a ser el sendero que tendrá que tomar?

Con el tiempo, usted alcanzará el poder auténtico; conocerá el poder del perdón, de la humildad, de la claridad y del amor. Evolucionará hasta más allá de la experiencia humana. Lo que no puede es no evolucionar. Todo en el universo evoluciona. Solo es cuestión de qué camino elegirá para aprender mientras evoluciona. Y esa es una decisión suya.

Si usted decide seguir adelante con su adicción, habrá optado por la inconsciencia. Creará desde la inconsciencia. Habrá optado por aprender a través del miedo y de la duda, porque usted teme a su adicción y duda del poder que realmente tiene para enfrentarse a ella con éxito.

Si usted decide enfrentarse a su adicción, si decide encaminarse conscientemente hacia la totalidad, usted habrá optado por aprender a través de la sabiduría. Habrá optado por crear experiencias conscientemente, por sintonizar las percepciones y la energía de su personalidad con las de su alma. Habrá optado por crear, dentro de la realidad física, la realidad que su alma desea crear. Habrá optado por permitir que su alma se mueva a través de usted. Habrá optado por dejar que la Divinidad dé forma a su mundo.

Cuando usted lucha con su adicción, usted se ocupa directamente de la curación de su alma. Éste es el trabajo que hay que hacer, porque cuando uno se enfrenta a sus más profundas pugnas, alcanza el más elevado de los objetivos. Cuando usted trae a la luz las corrientes negativas más profundas que hay en su interior, cuando las sana y se libera de ellas, usted deja que la energía de su alma entre directamente en la realidad física y dé forma a experiencias y acontecimientos, para que el alma lleve a cabo sin estorbos sus cometidos en la tierra.

Éste es el trabajo de la evoluicón… el trabajo para el cual nació usted.

(Extracto del libro ‘El asiento del alma’, de Gary Zukav)