Así fue como recuperé la visión en 30 minutos

Mi ojo, cuando ya podía ver bien. Foto de Alanis Pizarro.

En la vida a veces se coincidencias o sincronías que hacen que algunos de nuestros sueños se hagan de pronto realidad. Primero doy las gracias por el trabajo bien hecho a la maravillosa Clínica Martínez de Carneros  y ahora os cuento la historia . Yo llevaba usando gafas en lo privado y lentillas de cara a la galería desde los 14 años, y siempre deseé poder ver la realidad sin gafas o lentillas. Al principio tal cosa era imposible, luego los avances de la tecnología lo hicieron posible y yo le daba vueltas en mi cabeza pero no llegaba a informarme. La vida a veces da lecciones: en media hora conseguí algo que no había conseguido en 20 años. 

En la Clínica Martínez de Carneros, el día de la operación.

Hará tres semanas hablé casualmente con una chica que trabajaba en una clínica. Me dijeron que fuera a hacerme una prueba para ver si mis ojos eran operables. Fui a hacerme la prueba y se confirmó que mi córnea estaba perfecta. Tomé una decisión, pero no imaginé que todo sería tan rápido. Cinco días después, el 24 de julio, estaba tumbado en una camilla a punto de ser operado de la miopía. La operación duró en total menos de media hora. Y al día siguiente, que como sabéis fue mi cumpleaños, me desperté viendo maravillosamente bien sin necesidad de usar gafas o lentillas. ¡Ese día cogí un avión y me fui a Londres con ese sueño hecho realidad! Desde aquí vuelvo a dar las gracias, de todo corazón, a Paloma y a Alfonso, doctores de la flamante clínica Martínez de Carneros, que está en la calle Velázquez de Madrid y que sin duda recomiendo. El trato que me dieron y de la manera tan profesional al mismo tiempo que cercana en la que lo hicieron todo, lo maravillosamente bien que fluyeron las cosas entre nosotros, me hizo tener la seguridad de que quería dar el paso y hacerlo justo allí, con ellos. También le doy las gracias a la chica antes mencionada que trabaja allí, por facilitar tantísimo las cosas. Los sueños se cumplen a veces inesperadamente, al menos si cuando la vida quiere hacerlos realidad no ponemos trabas ni peros. Yo no puse trabas, y por eso hoy puedo ver perfectamente.

Con el doctor que me operó, el gran Alfonso Martínez de Carneros, y con la no menos profesional doctora Paloma Martínez de Carneros, que estuvo presente en todo momento. ¡Gracias!