Conchita Wurst arrasa en Chueca

Anoche comenzaron las fiestas del Orgullo LGTB en Madrid con las cantantes de Eurovisión Conchita Wurst y Ruth Lorenzo y otros protagonistas de excepción: los decibelios. Fotos: Curro Cañete

Conchita

Conchita

 

Conchita Wurnst se la llevaron anoche casi en volandas como una gran diva y la metieron junto a su amiga Ruth Lorenzo en una furgoneta mientras la gente gritaba y mientras algunos fotógrafos y reporteros trataban de acceder a ella inútilmente (“¡¡¡Conchita, please, Conchita!!!”), a “la escandalosa mujer barbuda”, la misma que este año ha visto cumplido uno de sus sueños de la infancia, ganar Eurovisión, como ella misma ha contado. Y da la casualidad de que ha visto cumplido su sueño cuando se ha atrevido a ser ella misma, a romper el molde definitivo, el que nadie entiende, el que sólo ella entendía en un principio. Ahora muchos la critican, pero eso ya no le importa.

Curro Cañete con Boris Izaguirre y José Bravo

Curro Cañete con Boris Izaguirre y José Bravo

Ya habían acabado las pitadas y protestas contra las decisiones del Ayuntamiento. Precisamente por eso dijo Conchita lo de “este premio lo hemos ganado todos” y por eso la gente abarrotó la Plaza de Chueca como ningún otro año había visto este cronista; por eso esa gente que estaba allí para gritar, para pedir, para exigir el derecho sagrado a ser libre, cuando escuchó la frase mágica gritó aún más todavía, un grito rotundo, definitivo, que no sabemos si llegó a los rincones del Ayuntamiento más necesitados de empatía, la empatía por la que uno es capaz de ponerse en la piel del otro y así descubrir que no se trata sólo de un cambio de escenario, porque la Plaza de Chueca no es sólo un espacio físico, ni tampoco se trata solo de una cuestión de decibelios, se trata, sobre todo, de un lugar que es un símbolo de algo mucho más grande, más sagrado, repleto de significados sutiles, pero profundos, y que lleva consigo una parte emocional que, quizá, el equipo de Ana Botella podría haber tenido en cuenta antes de hacer algunas prohibiciones inflexibles y drásticas. Y es que, ¿de verdad era necesario tanto conflicto?

Boris Izaguirre

Boris Izaguirre

Adiós, Conchita

Adiós, Conchita

La gente LGTB estaba muy enfadada. “No es justo”, decían, y luego pitaban para hacer ruido. “Botella dimisión”, volvían a decir, tristes. Porque este año Conchita y Ruth Lorenzo cantaron en la Plaza de Chueca, pero eso fue de milagro (hasta veinticuatro horas antes no se sabía si el Ayuntamiento lo permitiría) y además serán las únicas que lo hagan en el barrio, y lo hicieron a capela, por los dichosos decibelios de la ordenanza, aunque eran las ocho de la tarde. Y por los decibelios no hubo derecho a música y nadie pudo bailar más que una canción, ese himno alaskaniano. Y por los decibelios han quitado todas las barras de los bares y ahora la gente compra las cervezas en el mercado chino, no sin miedo de que llegue la policía. Y por los decibelios no hubo fiesta, ni alegría, más que esos minutos de Conchita y los de Ruth Lorenzo y los de Boris, que animó el asunto más de lo que pudo.

“Lo que yo digo es que si en todas las fiestas populares de toda España ponen barras en las calles, ¿por qué no dejan en las fiestas del Orgullo, que son las fiestas de Chu-e-ca? Y es que son las nueve de la noche. Que yo no digo que molestemos a los vecinos, no, pero jolín, al menos… ¡dejar música hasta las once! No es tanto… De hecho, hoy que es el día del pregón sería lo mínimo… Total, por un decretillo de nada…”, decía decepcionado Jose, un asistente. Luego añadió: “Bueno, vamos al chino a pillar un par de cervezas y ahora vemos qué hacemos, porque esto es muy fuerte. ¡Y tú haz fotos! No vaya a ser la última vez”

Sí hubo bastante reivindicación: esa fue la parte buena. Boti García Rodrigo, de FELGTB, que el otro día fue recibida con todos los honores por los Reyes Don Felipe y Doña Letizia, y Esperanza Montero, de COGAM, lo recordaron en un pregón para recordar: hay ochenta países donde la homosexualidad se paga con cárcel y diez donde se paga con la muerte.

El caso es que lo de Conchita, que es hiperpuntual (hizo acto de aparición diez minutos antes de lo previsto), fue algo tan rápido como una aparición, o una estrella fugaz, pero mañana viernes cantará mucho más y lo hará en el Shangay Pride, un show espectacular con actuaciones para todos los gustos. Y también concederá entrevistas y cuando le pregunten que por qué lleva barba volverá a repetir lo que ya ha contado: “El Festival de Eurovisión trata sobre la aceptación y la tolerancia. Creo que esa es la esencia de todo esto. Puedes ser quien quieras en el escenario. Tienes permitido compartir tu creatividad”, y luego, cuando le pregunten por Rusia, por el rechazo de ese país a su persona (Rusia se negaba a que participara), dirá sin pestañear: “Sinceramente, no me enfado, porque el odio y la intolerancia están en todas partes, no sólo en un país. Creo que lo que queremos todos es vivir en libertad y poder vivir nuestras vidas como queramos. Tenemos que unirnos y luchar por nuestros derechos”. Habla bien, Conchita, eso hay que reconocerlo. Y canta bien: tiene una larga trayectoria en música además.

Y lo escribe alguien que no se emociona con Eurovisión y que llegó ayer cargado de prejuicios a la Plaza de Chueca, pero que de pronto se vio contagiado ante tanta efusividad y tantos eurofans. Un experto en estas cuestiones, Chico Tóxico, me contó: “Es justa ganadora del festival porque su canción es muy buena, mucho más de lo que parece a primera escucha, y ella la defiende muy bien. A nivel personal he visto un par de entrevistas suyas y me parece una tía la mar de inteligente y me transmite buen rollo. Eso sí, aunque la gente se sorprenda mucho por ver un travesti con barba eso no tiene nada de novedoso. Acuérdate de Las Feldene Flash, por ejemplo, las ‘coristas’ de La Terremoto a las que le hiciste una entrevista allá por 2007, ¿recuerdas?. Y hay muchas, más más, tanto a nivel nacional como internacional.”

Eran las nueve y media de la noche y no sabíamos qué hacer. Había banderas arcoiris por todas partes, eso era cierto. Pero no estaba Conchita ni las divertidas travestis del escenario de la calle Pelayo con sus playbacks ni tampoco había diversión alguna, como otros años, en la Plaza Vázquez de Mella. Ay, los decibelios… Qué pena.

Boris con Boti y Esperanza

Boti y la marea humana

una calle de Chueca

La gran Carla Antonelli

La Plaza de Chueca