De cena con mi madre, una de las cosas que amo hacer

Cena con mamá en la bodeguilla, Córdoba.

Cena con mamá en la bodeguilla, Córdoba.

Redacto esta nota mientras desayuno en Roldán, una de las cafeterías que más me gusta de Córdoba. Ponen una tostada con aceite y tomate… He estado redactando un ejercicio de crecimiento personal justo hace un rato para mandarlo a dos de mis clientes. Y he aprovechado para hacerlo yo también como siempre hago, porque todos los ejercicios, desde que hace años empecé a investigar en este trabajo complejo que es la felicidad, los experimento primero conmigo mismo. Del ejercicio me ha salido la toma de conciencia de dos de las cosas que más me gusta hacer: irme a cenar con mi madre a solas y también irme a desayunar a una cafetería bonita y llevarme el ordenador. Ayer estuve cenando con mi preciosa mamá, como se ve en la foto. Disfrutamos como niños con una cena deliciosa. Y luego le dimos un paseo al perro con mi hermana Carmen. Mis padres están encantados con el perro, que ha enamorado a todo el mundo (¡también a mis sobrinas y sobrino!) pese a que es más grande de lo que esperaban. Me siento afortunado de la familia que tengo. Y esta tarde voy a ver a mi mejor amiga de la universidad, que fue lo mejor que me pasó todos aquellos años en los que yo andaba sin rumbo, tan despistado como para salir con chicas y como para estudiar Derecho, una carrera que no iba conmigo pero en la que saqué sobresalientes y matrículas. Me sirvió, todo sirve. En aquel caso me sirvió para trabajar una disciplina que ahora es menos férrea, pero que me sirve para soportar los momentos malos y tener algo de constancia. Las personas como yo necesitamos la constancia para mantener el orden y nuestra felicidad. O un orden dentro del desorden. ¡Feliz día a todos!