¿Dónde se esconde Lina Morgan?

No concede entrevistas, ni siquiera a Concha Velasco, que el otro día le echó en cara en un directo que nunca acepte ir a su ‘Cine de Barrio’ (algo que muchos medios, en busca de polémica, han calificado como ‘pulla’). Pero Lina lo tiene claro: nada de entrevistas, ni a Concha Velasco ni a nadie, y nada de intervenciones públicas. “Soy muy tímida, eso es todo”, me contaba el otro día esta gran cómica. Y es que no, no es fácil encontrar a Lina Morgan, que disfruta junto a su hermana de sus previsibles alegrías domésticas y que (casi) no se deja ver por eventos sociales. Subrayamos el casi porque nosotros… ¡hemos estado con ella!

Lina Morgan, en el estreno

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La que ha sido la cómica más famosa de este país nuestro, no se deja ver. Vive alejada de los ‘flashes’. Pero un cronista experimentado sabe dónde encontrarla: en el homenaje de una íntima amiga a la que nunca fallaría; o más fácil todavía: en cualquiera de los estrenos del Teatro de la Latina de Madrid, en el de Carmen Machi del otro día, por ejemplo. Al fin y al cabo, este teatro es lo que más ha amado Lina Morgan en los últimos años. Era suyo, pero lo vendió. Como se sabe, ninguna persona o cosa da verdaderas satisfacciones sin tremendos quebraderos de cabeza. Y ella no quería venderlo. Se acercaban los compradores, le lanzaban sus millonarias ofertas y les decía: ‘Ni hablar. Yo no lo vendo’. Pero su adorado hermano murió, el dolor se hizo evidente, los quebraderos fueron a más y llegó un avispado productor teatral, Jesús Cimarro, de Pentación, que fue más listo que los demás. “Pero no fue nada fácil convencerla, ni cosa de un día para otro. Fueron casi dos años de negociaciones, porque había otros empresarios interesados. En resumidas cuentas le hice una oferta -aparte de la económica- que fue la siguiente: utilizar su palco y su despacho de por vida. Por eso viene a todos los estrenos y preside los espectáculos”, nos explica Jesús.

Siete millones y medio de euros 

Total, que Lina se quitó los líos mentales por un palco, un despacho y… siete millones y medio de euros. Sí, han leído bien: aunque hubo baile de cifras publicadas en los medios de comunicación masivos cuando se produjo la venta del teatro, lo hemos confirmado: 7.5 millones. Ojo, el teatro los vale, y hay que agradecer al cielo que Lina ame el teatro y lo haya vendido a Pentación y no a Don Amancio o a McDonald’s. Porque Lina ama el teatro. Pero no vuelve a hacer teatro. Y hay quien asegura que se le ofrecen cantidades astronómicas para que se suba de nuevo a un escenario. Y aquí es donde Lina interviene: “¿Dónde, quién, cuándo, cómo? Porque yo no me he enterado”, me decía el otro día, asombradísima. “No es verdad. Ojalá”, añadió. Y es que aunque ni ella ni su hermana Julita tengan por qué preocuparse por la ruina de los tiempos presentes, a ella le gustaría trabajar, volver al teatro, cantar de nuevo eso de “El tiempo se ha parado, en el reloj del corazóoooon… Porque tanto os debo, en el alma llevo, a mi público de ayer… por estar aquí de nuevo, maravilloso fue volver.”

“Quiero volver al teatro” 

“Yo sí quiero volver al teatro, o al cine, o a la televisión, pero quiero volver con algo que me guste, no con cualquier cosa. Porque si tú me ves haciendo algo que te decepciona, ¿qué pensarías? No te gustaría. Yo no quiero que el público me vea con algo que no sea bueno y diga, qué pena. De momento, no hay nada que me hayan ofrecido que me guste, Cuando lo hagan, volveré”, me explicó. “Pues tienes toda la razón”, le dije, antes de que, esquiva, desapareciera por las profundidades de un teatro que conoce muy bien.

Desapareció porque a Lina no le gustan las entrevistas. Ni muchos periodistas. “Aunque parezca increíble, es tímida. Muchas artistas se desenvuelven bien en el escenario, pero no cuando se bajan de él. Pero también es verdad que lo pasó muy mal con todo aquello que se contó, ¿recuerdas?”, me decía una amiga suya. Y sí, claro que recuerdo la historia del exempleado traidor que contó maldades de las que no tendrían que haberse hecho eco ni las televisiones ni la prensa amarilla. Esta gran cómica que nunca se ha metido con nadie no lo merecía. Sí se merece, sin embargo, que alguien le ofrezca algo que le guste, que nos guste, una obra o un musical en el que se despida diciendo: “Graaaaacias, por venir”