La amistad tiene algo de “mágico”, algo que va más allá de la voluntad

Ayer me despedí de mi amiga Camila. Camila es de Ecuador y está volando ya a Quito no sin haber tenido que resolver bastantes quebraderos de cabeza sobre qué era lo mejor para ella. No es fácil hacer amigos, al menos para mí. La amistad tiene algo de “mágico”, algo que va más allá de la voluntad. Lo sé porque a veces me he propuesto hacerme amigo de alguien fracasando estrepitosamente. Otras veces no he fracasado, pero fue porque había apertura, posibilidad. Con Camila no me propuse nada: nuestra cultura es totalmente diferente, nuestras costumbres también, pero la conexión llegó como un aura que nos rodeara a los dos. Ella me comprendía y yo la comprendía a ella. Compartimos mucho y vivimos una experiencia que de momento es un secreto entre los dos y que supongo que la contaré en el próximo libro que escriba.

Camila Vélez y Curro Cañete

Camila Vélez y Curro Cañete

Lo mejor para Camila era regresar, obviamente, pues está regresando. Pero ella tiene un montón de sueños, un montón, de verdad, y lo está haciendo muy bien por ir a por ellos. Si no hubiera ido a por sus sueños, no hubiera pasado un año en Madrid, no nos hubiéramos conocido, no hubiera experimentado tantas cosas. Cuando Camila estaba en el Ecuador y tenía mucho miedo se decía: quiero ir a Madrid. No sabía cómo, ni cuándo, pero finalmente lo consiguió y eso ha sido un logro muy importante para ella. Ahora es más fuerte, sabe viajar sola, sabe liberarse un poquito de sus miedos. Ayer me dijo: “Esto no es una despedida, porque yo sé que nos vamos a ver pronto”. Ojalá sea verdad: hacer amigos no es fácil para mí, y a veces tienes un amigo y lo pierdes. Nos duele mucho perder un amigo y a veces no le encontramos explicación, pero por supuesto no hay culpables: tu amigo se va, o tú te vas, no da más de sí la relación por los motivos que sean. No se puede forzar una relación, ni amarrar, ni atar a un amigo. Puedes agradecerle aunque se vaya, sabiendo que ni tú ni él o ella es mejor o peor. Uno de los dos ha cambiado. Sin embargo, mi amistad con Camila no había acabado, al contrario, estaba empezando.

Pensar en Camila, en nuestras conversaciones y en lo que está haciendo por su vida me hace comprobar, una vez más, lo importante que es seguir adelante, continuar el camino no tanto como le dicen a uno sino como uno cree que debe continuarlo.

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