Manuel Castillo: “Cuando alguien comete un error es porque no sabe hacerlo mejor”

Manuel Castillo (Munich, Alemania, 1983) es uno de esos actores valientes: su apuesta por la interpretación es total. No le importa asumir riesgos, cruzar fronteras y países y lo mismo trabaja en español, que en alemán que en inglés, como hizo hace poco en la serie Silent Witness, uno de sus últimos proyectos. Hablamos con el actor sobre sus sueños, sus inquietudes, sus últimos proyectos, qué hace él para relajarse y cuál es su idea de la felicidad. ¡Este chico promete!

manuel castillo

Has participado en la serie de la BBC Silent Witness, ¿cómo fue meterte en la piel de un policía en México?

Aprendí mucho con la experiencia de rodar en una serie que lleva tantos años emitiéndose y con esa súper producción que tienen para grabar. Todo el equipo se había trasladado de Londres a Tenerife para recrear Méjico. El director Dudi Appleton y mis compañeros David Caves y Zombie Boy desde el primer momento me hicieron sentir parte de ese equipo con lo cual mis nervios previos al rodaje se esfumaron por completo. Un gran alivio porque a la velocidad con la que se graba un capitulo no tienes tiempo para cuestionarte o para poder repetir muchas tomas. El nivel de exigencia era muy alto así que tenías que hacer un trabajo impecable a la primera. La localización era un viejo cuartel militar al lado del aeropuerto de Tenerife que se usó para trasladar a los heridos del accidente aéreo que hubo en los años setenta. Obviamente cuando llegamos al set y los lugareños nos contaron esa historia nos quedamos impactos. Ese lugar tan fantasmagórico que llevaba abandonado tantos años le dispararía la imaginación a cualquier persona. Además en el sótano del edificio había una verdadera cárcel que habían usado los militares. En el momento que me puse el uniforme y me guardé la pistola en el bolsillo ya estaba metido en el papel. Todo se puso a mi favor para disfrutar siendo ese policía que se mueve entre lo legal y lo corrupto.

El capítulo en el que participaste tuvo una audiencia de nueve millones de espectadores y se emitió en 200 países. ¿Cómo fue la experiencia y qué ha supuesto en tu carrera?

Me llamó mi amiga Paz que vive en Hong Kong. Me dijo…. Manuel, ¡¡te estoy viendo en mi serie preferida!!! Me encantó su llamada y escuchar que se alegraba tanto de verme en su casa en China a miles de quilómetros de distancia. Es alucinante cuando un trabajo llega a tantos países. Si haces algo en los Estados Unidos la mayoría de las series y de las películas tienen una proyección mundial. También ocurre ya con los nuevos canales de Televisión como Netflix. Haces una serie y se puede ver en muchísimos países de todo el mundo. Pero más allá de la audiencia lo importante para mí de cada proyecto es el aprendizaje que me llevo a casa, ese aprendizaje que puedo poner en práctica para el siguiente proyecto. Las cosas se aprenden haciéndolas y en esta profesión hay mucho que aprender. Y quién sabe… quizás también Wong Kar-wai me ha visto en China desde el sofá de su casa y ahora me quiere contratar para un película. Ya te avisaré la próxima vez.

¿Cuáles son tus próximos pasos como actor?

En unos días me voy a Barcelona para rodar la nueva peli de Ramón Salazar “La enfermedad del domingo”. Una película intima de dos personajes, las protagonistas son Susi Sanchez y Barbara Lennie. La historia trata de Anabel, que abandona a su hija Chiara y, ésta, después de treinta años, consigue dar con su madre. Mi papel es el jefe de protocolo, la mano derecha de Anabel, que se ha convertido en una figura importante de la alta sociedad y que organiza cenas lujosas para recaudar fondos. A parte de la película voy a hacer a finales de verano una obra de teatro en Alemania que se llamará La cabra, ¿y quién es Sylvia?” de Edward Albee. Las funciones serán en Munich, la ciudad donde nací y pasé parte de mi adolescencia. Nunca he actuado allí con lo cual te puedes imaginar las ganas que tengo. El director se llama Bernd Seidl y tiene una extensa trayectoria como director de teatro en Alemania. Me gusta su visión atrevida que se sale de lo convencional. Será un reto porque nunca he hecho una obra con ese lenguaje. Siento vértigo y placer a la vez cuando pienso en el proyecto.

¿Cuándo descubriste que tenías vocación de actor y cómo viviste todo el proceso?

Desde muy pequeño empecé a hacer espectáculos en casa que consistían en hacer números musicales y mini escenas con nuestros animales. Mi madre fue actriz de teatro pero no siguió su vocación porque prefirió dedicarse a criar a sus cuatros hijos. Yo creo que hubiera sido una artista maravillosa. No lo creo, estoy seguro. Siempre me apoyó y mi padre también. En casa siempre hemos visto mucho cine y la música también ha jugado un papel importante. A los ocho años empecé a tomar clases de piano pero como era idea de mi madre no quise seguir. Hoy en día me doy cuenta de lo tonto que fui y sé que tarde o temprano volveré a tomar clases para aprender a tocar.

¿Te costó trabajo tomar la decisión de ir a por tu sueño?

Empecé a estudiar interpretación a los dieciocho pero no seguí porque preferí viajar y trabajar en cualquier cosa con tal de poder descubrir el mundo. A los veintitrés volví a Madrid y me apunté a diferentes cursos de interpretación hasta que en uno de ellos conocí a Fernando Piernas, el primer profesor que me marcó profundamente. Desde entonces no he parado de trabajar y de estudiar.

¿Cómo fueron los inicios dentro de la profesión?

La suerte es que en Madrid hay mucho trabajo de actor, aunque sean trabajos en el teatro off, si uno quiere actuar hay muchas posibilidades. Empecé haciendo muchos cortos en escuelas de cine y obras de teatro o proyectos que prefiero no recordar pero que forman parte de los inicios de un actor. En ese momento disfrutaba con el mero hecho de estar delante de un público o delante de una cámara independientemente si el guión era bueno o no. Dos años más tarde hice un curso de creación de personaje con Ramón Salazar. Al terminar ese taller me llamó para mi primer papel protagonista en cine.

Estuve en el estreno de la película, 10.000 Noches En Ninguna Parte, de Ramón Salázar, en la que tienes un papel complejo, pero muy interesante. Me encantó la película. ¿Cómo resultó aquella experiencia?

Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida tanto profesional como personal. Desde esa primera llamada hasta el estreno unos años más tarde en el festival de cine de Sevilla con nuestros amigos y familiares. El proyecto se extendió a lo largo de tres años. Preparar la película fue una aventura, habían momentos que no sabíamos si el proyecto iba a salir adelante. Obviamente al final las cosas salieron bien. Ramón ensayaba con nosotros y luego escribía el guión. En Berlin vivimos Najwa Nimri, Paula Medina y yo durante cincos semanas en un apartamento de Kreuzberg. Ramón quería que crearemos una confianza para que se viera en la pantalla ya que interpretábamos a una pareja de tres. Al final nos hicimos muy amigos y estábamos preparados para rodar en cualquier momento. Ibamos al rodaje en bicicleta y teníamos que estar siempre prevenidos porque podía ser que a Ramón se lo ocurriese una nueva escena en algún lugar remoto de Berlin. Ramón me hizo engordar cinco quilos para el papel de León. Recuerdo que en Madrid iba varias veces a la semana a un centro de ancianos para hacer origamis. Quería captar esa paz que tiene Léon y con la que es capaz de ocuparse de los demás para olivarse en realidad de sus verdaderos sentimientos. Empecé a admirar esa actitud y fue el anclaje para desarrollar mi trabajo. Me siento afortunado porque ese papel fue el inicio de mi carrera profesional y me aportó una infinidad de cosas que aún unos años más tarde siguen apareciendo.

¿Qué sueños quedan por cumplir?

Muchos; seguir trabajando en proyectos que tengan algo interesante que contar con gente que admiro profesionalmente, dirigir mi propia película, vivir frente al mar o viajar a Chile con mi padre son sólo algunos de ellos.

¿Cuáles son las cosas que más valoras en la vida?

Cada día valoro más la gente que hace algo por alguien sin pedir nada a cambio.

¿Y cuál es tu idea de la felicidad?

He llegado a la conclusión de que la felicidad para mi es un línea recta: donde lo muy bueno no te pueda llegar a sacar del camino despistándote de lo esencial, ni lo muy malo te agrava de tal manera que te desanima y te hace tirar la toalla. La Meditación Trascendental (MT) que hago desde hace cuatro años me ha ayudado a reconciliamre con cosas que ocurrieron en mi vida y que no había llegado a aceptar. Me abrió los ojos para ver el mundo que me rodea de otra manera y liberar el estrés que tenía acumulado y que sigue acumulándose día a día con el ritmo tan frenético que llevamos de vida. Por ejemplo, entender de que si alguien comete un error, es porque esa persona no tiene las herramientas para hacerlo mejor. La rabia es un sentimiento muy malo que no aporta nada. Pensar así me hace perder menos tiempo poder ocuparme de la gente que tengo en mi vida y de lo que me importa de verdad. De alguna manera me ha hecho mejor persona así que tomarme cuarenta minutos al día para desconectar me acerca más a la felicidad.