Mi amigo Nacho llegó a la cima de la montaña

Subo esta foto que hice a Jose y a Nacho porque mi amigo Nacho ha conseguido esta semana llegar a la cima de una montaña muy grande, muy alta, muy empinada, una montaña en la que a veces había piedras pequeñas, otras veces piedras grandes y otras unas rocas del tamaño de un elefante. A veces se quedaba sin aire y yo lo veía y Jose me lo decía, pero luego respiraba otra vez, se levantaba otra vez, buscaba soluciones y continuaba escalando. Yo en toda mi vida no he visto a casi nadie esforzarse más por un trabajo que lo que él lo ha hecho por su GRAN tesis, porque su tesis es grande, como bien saben sus preparadores, y como bien sabemos todos los que le queremos. Ya está entregada. Y aún falta el último empujón, defenderla, sí, pero eso ya es desde la cima, desde la grandiosidad. Es la pareja de mi gran amigo Jose y por eso le quiero, por eso y porque sé cómo es: tan bueno, tan entregado a su familia, a sus amigos, a sus alumnos y a las personas a las que ama. Jose también ha hecho algo grande: acompañarle todos estos años de trabajo haciéndole la vida más fácil, apoyándole, alentándole y siendo no sólo su pareja sino también su aliado y amigo. A veces ha comprendido sin entender. Esto parece una contradicción pero no lo es: Comprender (no solo aceptar) al otro incluso cuando no lo entiendas es una de las claves de las relaciones sanas. Eso y lo que ellos hacen: cada vez mejores artistas en el arte más apasionante de todos: el arte de amar. Porque el amor a veces llega y se construye y eso es un regalo, pero de nada sirve si luego no se riega. El amor va mucho más allá del enamoramiento y se riega todos los días. Y si un día no lo riegas no pasa nada, pero hazlo el doble al día siguiente o en cuanto te des cuenta .

Jose y Nacho

Jose y Nacho