Paco de Lucía, mi padre

‘Paco de Lucía: la búsqueda’ es un viaje por la vida del gran guitarrista, un documental en el que vemos a un Paco con gracia, cercano, directo, que nos cuenta cosas como si fuéramos sus amigos. Entrevistamos en profundidad a Curro Sánchez, hijo del “mejor guitarrista del mundo”, que ha dirigido esta película potente, recomendable, que se estrena el próximo viernes 24 de octubre.

Curro Sánchez Varela, en la librería Libros para un mundo mejor, número 13 de la calle Espíritu Santo.

Curro Sánchez Varela, en la librería Libros para un mundo mejor, número 13 de la calle Espíritu Santo.

Curro Sánchez Varela es joven, guapo y muy tímido, como lo era su padre, que se murió de pronto y cuando nadie lo esperaba, como si hubiera querido hacerlo precisamente de ese modo, improvisando como improvisó su vida, una vida por la que se movió al son de la música y del viento, por allí por donde le indicaban las corrientes y su olfato, su guía, su manera de ver el mundo, que casi siempre quedó reflejada a través de su guitarra.

Curro Sánchez Varela es joven, guapo y muy tímido, un hombre tranquilo, treinta años, apasionado del fútbol y del arte, sobre todo del arte, como si estuviera en manos de la creación artística, como su padre, aunque él no toque nunca la guitarra, ni lo haya hecho desde que era un niño y vio que no, que pese a que era hijo del mejor guitarrista del mundo y pese a que la gente cercana, sus amigos, y los desconocidos, le decían, “y tú, ¿por qué no tocas la guitarra, por qué no aprendes, eh, por qué?”, la guitarra no era lo suyo, porque el camino de aquel chico callado, introvertido, que veía varias películas al día, tenía mucho que ver con el cine, los documentales, el mundo audiovisual, y no tanto con el flamenco.

“Hubo días en que quería mandar a tomar por saco todo el trabajo y me decía, lo dejo, me voy a recorrer el mundo entero con una mochila a grabar con mi 5D lo que me dé la gana. Pero no lo hice, entre otras razones por lo que te decía antes, porque se lo debía a mi padre y al público,”, me contaba ayer mientras tomábamos un café en ‘Libros para un mundo mejor‘, una librería preciosa que se encuentra en la calle Espíritu Santo de Madrid. Habíamos quedado para hablar de su documental, ‘Paco de Lucía: la búsqueda’, que se estrena en salas de cine el viernes 24 de octubre y que, evidentemente, ha sido algo mucho más grande que un documental para él, un trabajo al que se entregó en cuerpo y alma hasta casi rebasar sus propios límites, por lo que vivió una catarsis, una verdadera catarsis, la que le supuso el reto de ver a su padre con otros ojos, los de un extranjero, y así, mirándole desde fuera, como si no fuera su hijo, fue como logró entenderle y aceptarle y acercarse a él más de lo que nunca se había acercado.

joven

“Superé el obstáculo más grande y llegué a entender a mi padre como artista y como persona. Eso nos hizo pasar la prueba de fuego y pasamos a otro nivel, a una comunicación muy intensa, una cosa muy raruna que sucede a veces entre padres e hijos, y entonces pasamos a hablarnos de adulto a adulto, como amigos. Si no hubiera superado esos obstáculos creo que no hubiera podido perdonarme y que ahora viviría un poco amargado”, me contaba justo cuando la gata del local, una gata negra, hermosa, tan libre como para asomarse y pasear cuando quiere por la calle de Malasaña, se subió a sus piernas, como queriendo decirle algo, tal vez precisamente eso, que su padre murió de pronto, sin avisar, cuando faltaba muy poco para terminar un documental que quedó inconcluso, inacabado y, sin embargo, perfecto, porque es un gran documental, un gran documental, un gran documental, lo repetimos tres veces para que su director se entere y le entre en la cabeza, porque cuando Curro Sánchez Varela lo presentó en San Sebastián y el público empezó a aplaudir durante más de tres minutos él no se creyó nada. Él escuchaba los aplausos y sonreía mientras se decía para sus adentros: “Esto no es verdad. Me pelotean porque soy el hijo de Paco, no porque les haya gustado.”

¿Cuál es el rasgo de tu carácter que más te une a tu padre?

Lo que más me une a mi padre en cuanto a forma de ser es la curiosidad, una enorme curiosidad por todo lo que me rodea, por encontrar cosas nuevas que luego pueda utilizar como herramientas para expresar lo que me inquieta del mundo. Y esa curiosidad fue la que me llevó a hacer este documental, la misma que tenía él para experimentar con tantas músicas diferentes, por hacer cosas nuevas con Camarón, con John McLaughlin en el jazz… Me dije, a ver qué puedo contar de Paco —Curro, durante la entrevista, le llama muchas veces precisamente así, Paco— que no se haya contado, y me salió una vena oculta que yo tenía, de investigador, detective, acumulador compulsivo de material. Llamé a todo el mundo, busqué todas las fotos… Y contacté a Carlos Santana, a McLaughlin, Estrella Morente, Alejandro Sanz, hablé con ellos y, por ejemplo, toqué el tema de la política, que es algo que nadie se espera en un documental sobre flamenco…

Como cuando dice que dejó de decir que era de izquierdas cuando tuvo dos millones de pesetas y no lo donó a ninguna fundación ni a los negritos de África.

Me parece de una sinceridad aplastante y por eso, por lo sincero que fue, creo que le va a caer bien a todo el mundo, tanto a los de izquierdas como a los de derechas.

Muchos dicen que son de izquierdas pero no predican con el ejemplo.

También hay quien instrumentaliza su ideología para sacar réditos personales. Paco nunca hizo eso, era un personaje para todos. Mi padre estaba lleno de paradojas, al principio tenía inquietudes que simpatizaban con la izquierda, pero luego, por ejemplo, era del Real Madrid, yo también lo soy. Recuerdo que decía, “parece que si eres artista tienes que ser del Atleti, pero a mí no me da la gana, yo soy del Real Madrid desde chico, es mi equipo”.

Curro Sánchez Varela con Curro Cañete, en un momento de la entrevista

Curro Sánchez Varela con Curro Cañete, en un momento de la entrevista

También recuerda la anécdota de aquella vez que dijo, refiriéndose a la guitarra, que la mano izquierda era la creativa, la inteligente, y la derecha era la que ejecutaba. Y se armó bien gorda.

Tan gorda que le zurraron por la calle. Era el año 76, Franco aún no había muerto y el subtexto de lo que dijo era grande. Le cogieron por la Gran Vía, le atizaron una buena paliza y le querían pisar las manos… Estuvo un buen tiempo sin poder tocar, lleno de moratones.

En aquel año ya era muy famoso.

Sí, la fama le llega en el 73 con el disco ‘Fuente y caudal’, en el que se incluyó el tema ‘Entre dos aguas’. De primeras no tuvo un gran éxito, pero Jesús Quintero le dijo: “Si otros lo son, a ver por qué no vas a poder ser tú famoso”, y le llevó a la radio, a la tele, le hizo una campaña de marketing brutal que le catapultó a la fama. De la noche a la mañana empezó a escucharse no sólo en todas las discotecas de España, sino en las del mundo entero.

La imagen de Jesús Quintero en el documental es impagable…

Ja, ja. Él quería una celebrity. Mi padre era muy tímido, muy introvertido, pero a la vez tenía un gran interés en investigar nuevos campos musicales, y Quintero vio claro que era guapo, inteligente y un gran músico. Vio que tenía todos los ingredientes para triunfar. Mi padre se quedó un poco descolocado al principio, pero se dejó llevar por la corriente y eso le permitió obtener fama y prestigio y, de esa manera, pudo llevar el flamenco a todas partes.

Tuvo muchas barreras que sortear, sin embargo. Él mismo dice que cuando él empezó el flamenco era el lumpen de Andalucía y Andalucía el lumpen de España.

Mi padre primero tuvo que vencer un obstáculo muy grande, la barrera de los clásicos, pues el flamenco estaba muy bien para escuchar en una tabernita, para que el señorito andaluz pagase a los flamencos para tocar en un sitio para unos pocos. Pero más tarde llegaron los flamencos a Barcelona, a Madrid, y empezaron a tener éxito y a atravesar fronteras, pues dejaron de estar solamente en los tablaos para dar espectáculos en sitios más grandes. Piensa que mi padre tocó en el 75 en el Teatro Real, lo cual era impensable en aquel momento. Se le echaron encima todos los clásicos, algunos empezaron a decir que qué era eso, que dónde se había visto algo así…

¿Cómo afrontó él las críticas?

Por un lado le ofendían y le dolían mucho, porque él creía que no se merecía lo que le estaba cayendo, pero por otro lado, decía, bueno, qué se le va a hacer, yo voy a luchar por lo que es mío y por mi identidad musical, y no me voy a acomplejar ante nadie.

Esta idea, que él siempre hizo lo que creía que debía hacer, queda muy clara en el documental, en el que también dice: “Yo no dependo del público”.

Es cierto, del público tampoco dependió nunca. Sí que escuchaba a todo el mundo, sabía escuchar muy bien, pero luego la decisión la tomaba él, de una manera muy intuitiva, sin analizar si su carrera tenía que ir por un sitio o por otro.

Dice Paco de Lucía que era muy solitario, tanto como para pasar el ochenta por ciento de su tiempo solo. ¿No es un dato exagerado?

No, no lo es. Yo le recuerdo despertándose a las doce o a la una y tomaba su pan con aceite de oliva. Era porque trabajaba por las noches. Pasaba muchas horas encerrado en su estudio. Los padres de otros niños se ponen su chaqueta y corbata y se van a la oficina, mi padre la tenía bajando las escaleras.

¿Tú también eres muy solitario?

Lo soy. Disfruto mucho de la soledad. Sólo ahí es cuando puedo desgranar mis inquietudes creativas… Luego soy muy gregario con mis amigos, la gente a la que quiero y con la que tengo mi rutina. Disfruto mucho de mi espacio, aunque a veces suene egoísta, porque no dejo que entre nadie.

Alejandro Sanz dice que “su música era el Quijote. La narrativa de su música”

Es que Alejandro Sanz se crió con la música de Paco. Prácticamente, la nana que escuchaba de niño era la música de mi padre y luego creció escuchando su música, como adolescente y como artista joven estuvo muy influido y luego se hicieron muy amigos. Para Alejandro Sanz fue una influencia brutal. Puede parecer raro pero si uno profundiza en su música ve que en el fondo siempre hay algo de Paco, que, además, le consideró siempre como un hermano pequeño o como un hijo. Tuvieron un vínculo muy fuerte.

Dice tu padre: “Lo más bonito que me ha pasado en mi vida como artista fue encontrarme con Camarón. No he encontrado a un artista de cualquier rama que me haya emocionado más que él”. Camarón supuso un antes y un después en la trayectoria de tu padre.

Así fue, tanto a nivel artístico como a nivel personal. Le cambió su adn como músico y también como persona. Cuando le escuchó se quedó loco, le dijo, vamos a grabar cuando vengas a Madrid. No se podría entender a Paco de Lucía sin Camarón, ni a Camarón sin Paco de Lucía.

Dice también: “Yo nunca entendí lo que sentía. Era muy buena persona, pero era difícil conocer a Camarón”

Camarón era muy callado, expresaba muy poco, por eso mi padre, que también era tímido, dijo que nunca pudo tener con él una sensación de amistad profunda. Como mi padre le admiraba tanto artísticamente pues pensaba que estaba moviendo ideas atormentadas y grandilocuentes, pero luego, más adelante, mi padre pensó si no estaría haciendo una idealización del personaje, si quizás Camarón era más tranquilo que reservado y no tenía necesidad de hablar. Es una duda que siempre le quedó a mi padre.

Dice tu padre que la guitarra le salvó. ¿Podemos decir que lo que tu padre expresaba a través de la guitarra tú lo expresas a través de la cámara?

Yo soy terriblemente apático y perezoso, como lo era él, para todo lo que no sea lo que me motiva, lo que me mueve, y mi forma de expresar lo que llevo dentro es a través de una cámara. No sé expresar mis inquietudes de otra manera. Por ejemplo, soy mal conversador.. no me refiero a ahora, haciendo esta entrevista, me refiero en mi vida diaria. Si estoy con alguien, si estoy en una reunión, hablo poco, escucho más…

¿Cuál es la parte difícil de ser el hijo de un genio?

Que te pregunten mil veces si tocas la guitarra y cuál es tu conocimiento del flamenco, y que cuando tú dices que no tocas la guitarra te pregunten que por qué. Es difícil que la gente establezca una comparativa con tu padre desde el minuto uno. Eso es lo más rollo.

Pero tú has conseguido darle la vuelta a eso.

Totalmente. De hecho, ahora lo veo como algo a mi favor, porque gracias a que yo no toco la guitarra o no soy el flamenco de mi familia se ha visto reforzada mi propia identidad. Yo soy un gran aficionado al flamenco pero yo no he tocado nunca la guitarra. Desde los cinco años no he cogido una. La gente siempre se ha sorprendido, me preguntaban que por qué, pero por qué no te apetece, me decían, y al principio me daba como vergüenza, luego, de adolescente, soltaba muletillas como “en casa del herrero, cuchillo de palo”, y luego todo eso que me acomplejaba se convirtió en algo que reforzó mi propia individualidad. Lo veo como algo positivo y, como digo, estoy contento de no haber seguido por esos derroteros, porque de otro modo no habría un documental póstumo de Paco de Lucía del que ahora todo el mundo va a poder disponer siempre quiera.

Total, que estudiaste Comunicación Audiovisual.

Sí, estudié Comunicación en el CEU y luego fui a Nueva York a estudiar un año de cine en la escuela New York Film Academy. Cursé un master y fue increíble, porque conocí a mucha gente que ahora está despuntando en el medio, personas que eran estudiantes, como yo, con las mismas ganas de contar historias. Me gustaría, si me lo permites, nombrar a dos, Martín Rosete, que ha hecho un documental brutal, buenísimo, que se llama Voice Over, y Alexis Morante, que es del sur, de Algeciras, y que es un niño que además de ser un pedazo de artista es de las mejores personas con que me he topado yo en mi vida. Nos lo pasamos tan bien en Nueva York… Somos como la versión low cost de la Generación del 27, ja, ja.

¿Cómo te decidiste por el género documental?

Al principio no sabía cómo definirme artísticamente, no tenía claro si quería tirar por la ficción, hacer mi primer largometraje… Pero pronto me di cuenta que por mi forma de ser yo no enganchaba tan bien con el género ficción y que, sin embargo, podía ser muy bueno para el género documental. Tengo inquietud periodística, me encanta la actualidad y me manejo muy bien con el lenguaje audiovisual… Comprendí que se puede explotar un género que yo creo que todavía no ha llegado a su madurez en España, donde parece que está un poco denostado, como de sobremesa de después de comer para echarte la siesta. Del mismo modo que pienso que hay talento para hacer series increíbles, como están haciendo fuera, creo que las posibilidades del documental son enormes. Mi ambición es poder contar historias universales que puedan conectar con la gente de todos los rincones del mundo, para que, además de ser un medio artísticamente interesante, sea también rentable.

¿Qué sientes cuando escuchas que tu padre era el mejor guitarrista del mundo?

Aprendes a asimilarlo. Ya es casi un dogma de fe, para mí es incuestionable y esto no es fanfarronería ni vanidad ni barrer para casa, de verdad. Es que ya ni siquiera me da pudor, porque me he desligado del personaje artístico, tengo muy clara la diferencia entre mi padre y el personaje artístico. Lo veo con orgullo, pero disociando, por eso pude hacer este documental, porque vi a Paco desde fuera, de una forma muy analítica y muy desapegada. Es cierto que también está presente una parte afectiva y más emotiva o familiar, pero esa parte vino a posteriori, en un principio no estaba. Yo no quería que fuese el documental de la familia, ni que cayéramos en la autocomplacencia, porque me parece que eso hubiera sido contraproducente para el fin del documental.

Supongo que terminarlo, editarlo todo poco después de que tu padre muriera, no fue fácil para ti, ¿no?

Más que algo muy doloroso, fue muy raro, muy extraño, porque a los diez, doce días de enterrar a nuestro padre yo ya me había vuelto a encerrar a reeditar el documental. Sentí una necesidad interior de hacerlo que no puedo ni definir. Simplemente, me apetecía y punto. Y me encerré y empecé a trabajar de forma compulsiva, reconstruyendo la historia, impulsado por un lado por el deber que sentía hacia mi padre, que quería que se acabase el proyecto y que yo me definiese como profesional, y por otro sentía un deber hacia el público, de darle a todo el público de Paco una última despedida, que el que quisiera se pudiera despedir por última vez de una persona que había sido tan importante para tanta gente, porque aunque esto suene a cliché, algo cursi, es la verdad: mucha gente se quedó un poco huérfana, no solo mis hermanas y mis hermanitos y yo. Por todo eso me encerré y luego, cuando me llamaron de San Sebastián porque querían el documental para septiembre, eso fue la leche.

¿Cómo viviste tu paso por el Festival de San Sebastián?

Como si hubiera sido un sueño, en el sentido de que todas esas cosas que ahora me parecen hermosísimas no las viví en su momento ni las disfruté, todo fue muy rápido, intenso, sin que pudiera asimilar casi nada de lo que iba ocurriendo. Todo lo que me sucedió bonito en el festival, la recepción del público, la ovación de tres minutos, lo viví con cierta incredulidad. Quiero decir que mientras lo vivía no decía, qué satisfacción, ahora puedo respirar tranquilo, sino algo así como, esta gente me está aplaudiendo para pelotearme porque soy el hijo de Paco. Eso es por la neurosis que he heredado de mi padre, ja, ja. Sólo a posteriori, pasado una semana, fue cuando empecé a asimilar lo que había ocurrido…

Imagino que trabajar la edición con las entrevistas que le hiciste a tu padre, con sus declaraciones, con su voz, con su imagen, con sus fotos… te hizo atravesar tormentas.

Fue brutal. Es para sentarme en el diván de un psicólogo y estar psicoanalizándome en lo que queda de año porque sí es verdad que fue muy intenso. A eso se juntó luego a la presión que sentí, sobre todo al final, ante la posibilidad de que el documental no llegar a tiempo, de que no estuviera a la altura, de que todo fuera una mierda, porque, como decía, otra cosa que he heredado de mi padre es su perfeccionismo y su neurosis, y sentí angustia, taquicardias, de todo, llegué a sentir que bordeaba la locura, y, sin embargo, se terminó a tiempo… Fue increíble.

¿No pensaste nunca en tirar la toalla?

Sí. Hubo días en que quería mandar a tomar por saco todo el trabajo y me decía, lo dejo, me voy a recorrer el mundo entero con una mochila a grabar con mi 5D lo que me dé la gana. Pero no lo hice, entre otras razones por lo que te decía antes, porque se lo debía a mi padre y al público, y por mi familia, mis hermanas, Casilda -guión- y Lucía -producción-,que son fantásticas, me he sentido muy respaldado y apoyado por ellas. En situaciones límite mi familia me ha respaldado y me ha dado calor y eso me ha hecho continuar.

Se nota que estabas muy unido a tu padre…

En realidad me unió mucho a él este proyecto. Verás, mis padres se separaron cuando yo tenía 13 años y mis hermanas 17 y 18, por lo que durante el periodo de adolescencia adopté una actitud rebelde. Si le veía, bien, si no, también. No era una situación violenta ni mucho menos, pero lo cierto es que tampoco estábamos unidos. Mucho más tarde, cuando mi padre me planteó hacer con él un miniproyecto documental de su gira, lo hice. Luego fui yo quien le planteó hacer un largometraje y entonces fue cuando se formó una unión que me llevó a recordar cómo de unido estaba yo a él cuando era un niño. Retomamos esa relación y superé el obstáculo más grande y llegué a entender a mi padre como artista y como persona. Eso nos hizo pasar la prueba de fuego y pasamos a otro nivel, a una comunicación muy intensa, una cosa muy raruna que sucede a veces entre padres e hijos, y entonces pasamos a hablarnos de adulto a adulto, hablando como amigos. Si no hubiera superado esos obstáculos creo que no hubiera podido perdonarme y que ahora viviría un poco amargado.

¿En el proceso de edición llegaste a sentir la presencia de tu padre?

… [silencio]… Esto puede quedar un poco místico si no se pone en el contexto adecuado, pero sí, sí que sentí una presencia fuerte, una sensación extraña, e incluso el hecho de que este documental se acabara a tiempo lo achaco a una mano interventora de allá arriba, porque ha sido un milagro que hayamos conseguido terminarlo a tiempo. Por eso digo yo no soy director, soy codirector, el otro director fue mi padre. Y mis hermanas.

Libros para un mundo mejor, número 13 de la calle Espíritu Santo.

Libros para un mundo mejor, número 13 de la calle Espíritu Santo.