¿Has pensado en…?

“Los sueños se cumplen, Curro”, decía Roberto, director de Microfue, hombre alegre y generoso que montó su empresa después de descubrir, por él mismo, los efectos potenciadores que tenía volver a tener pelo después de haberlo perdido. Yo soy ese que llega al aeropuerto de Estambul solo, preguntando por su chófer, emocionado por estar en un país tan magnético. También estaba nervioso.

Pero, ¿qué hacía allí? Había decidido ir a ponerme más pelo, es decir, a llevarme a la parte delantera pelo del que tenía en la parte trasera de la cabeza.

Soy de los que están completamente de acuerdo con que cada persona haga lo que considere mejor para su vida. En este sentido, en un momento dado, tomé una opción: vivir con pelo en lugar de sin pelo. Ojo, no condicioné mi felicidad ni mi autoestima al hecho de tener pelo, pues tal cosa me parece peligrosa.

Creo que las mejoras físicas son buenas, siempre y cuando no se hagan para tapar un complejo. Si tenemos un complejo, pienso que primero es importante superarlo a nivel mental, porque todos los complejos nacen de la mente. Y si ya no tienes complejo, y quieres llevar a cabo una mejora física, porque simplemente te apetece, ¿por qué no? Primero, eso sí, infórmate bien de lo que vas a hacer.

Si condicionamos nuestra felicidad o nuestra autoestima a una mejora física, o a cualquier otra cosa, estamos colocando fuera lo que solo puede nacer desde dentro: el amor a uno mismo siempre emerge desde las profundidades.
Pero desde el amor a uno mismo, aceptándonos y queriéndonos incondicionalmente tal y como somos, una persona puede decidir mejorar tal o cual aspecto. Si se ha informado previamente de las consecuencias, entonces estará eligiendo con plena conciencia.

Las consecuencias de un injerto capilar son que la persona que se realiza el injerto va a llegar a tener más pelo donde lo había perdido. Punto. A medio o largo plazo, no hay consecuencias negativas, ni cicatrices, ni marcas. Solo más pelo, un pelo que no se va a caer nunca, porque el pelo que te ponen donde tú ya no tienes (los folículos que te implantan), es el pelo que tienes en la parte de atrás, que no se te suele caer.

Yo no tenía ningún complejo, entre otras cosas porque todavía tenía pelo, tanto que antes de viajar algunos amigos me dijeron: “Pero Curro, si tú tienes pelo”. Y sí, tenía pelo, pero había zonas de la parte frontal en las que no tenía tanto, y yo quería, como digo, vivir con pelo a largo plazo. Así que tomé la decisión, busqué opciones en España y fuera de ella, hice llamadas, me informé, contrasté posibilidades y lo vi claro: me decidí por Estambul con Microfue, que tenían un precio inigualable con respecto a las clínicas de España y que me trataron maravillosamente desde el primer momento.

Si tú ya tienes claro que quieres hacerte un implante y ahorrarte dinero es importante para ti, recomiendo mucho ir a hacerlo a Estambul con Microfue siempre y cuando no te importe viajar, claro.

Mi chófer estaba allí esperándome cuando aterricé, me llevaron a un hotel cinco estrellas, y al día siguiente, después de un desayuno delicioso, me llevaron a una clínica flamante, con un doctor simpático y confiable, y en todo momento había personas que hablaban castellano y que me traducían lo que yo no entendía. A lo largo de las seis o siete horas que duró la operación, podía llamar a estas españolas amables para preguntarles cualquier duda o inquietud. El doctor me inspiró muchísima confianza y la clínica era como una bien moderna de Madrid.

Eso sí, la operación duró, repito, entre seis y ocho horas que a mí en concreto se me hicieron muy largas e incómodas (a otras personas que allí estaban no tanto, incluso hubo quien se quedó dormido). Y es cierto que las dos primeras semanas son MUY molestas, y considero que hay que ir sabiendo muy bien lo que se hace.

Después de la intervención, quedé bastante dolorido, como me habían avisado. Pasé tres días en Turquía. Un hombre muy majo que había venido desde EE UU para hacerse el injerto, me preguntó si quería ir con él a dar una vuelta por Estambul. Dije que no: prefería estar tranquilo en el hotel.

En la clínica me hicieron las curas y me explicaron cómo tenía que proceder a continuación, me dieron todo por escrito, las medicinas que tenía que tomarme en los días posteriores. Al tercer día me hicieron el primer lavado en la cabeza. Y al quinto regresé a España con un sombrero, el mismo sombrero negro que llevaban mis compañeros de EE UU, Canadá y otros lugares del mundo que habían ido a lo mismo que yo. El sombrero ocultaba las cicatrices que se cayeron completamente a los doce días.

Escribo estas líneas un mes y algunos días después de mi aventura estambulniana. Todo parece que vuelve a la normalidad. Y ahora mi vida mientras espero con tranquilidad y paciencia los meses necesarios para que empiece a crecer el nuevo pelo. Hasta los 12 meses no se verán los resultados definitivos. Entonces, sonreiré para mis adentros y sabré que el esfuerzo (y mi pelo) merecieron la pena.

*** Si piensas hacerte un injerto y tienes alguna duda y me quieres preguntar algo, sobre la clíncia o la experiencia, puedes escribirme a nosolocurro@gmail.com ¡Un abrazo y mucha suerte!