Sergi Torres, Mooji, Jeff Foster y Donald Walsch hicieron triunfar un Being One histórico e inolvidable

Being One, el mayor evento de desarrollo personal de Europa, tuvo muchos problemas pero en mi opinión acabó siendo un éxito, al menos para los que superaron una prueba de fe a ratos complicada que acabó el tercer día con sonrisas, lágrimas y sucesos bellos y emocionantes. Texto y fotos: Curro Cañete.

Mooji, sobre el escenario. © Curro Cañete.

Mooji, sobre el escenario. © Curro Cañete.

Juan, Celia, Jose Mari y yo salimos de Being One el pasado domingo como flotando, muy contentos, sintiendo mucho cansancio pero también una gran paz y alegría. Acabábamos de abrazar a Mooji y de contemplar cómo este hombre era capaz de suspender el mundo en un silencio profundo, extático, casi inalcanzable. Mooji desprendía un aura mágica y nosotros estábamos muy felices de haberlo podido conocer. Nos fuimos al metro con la certeza de que nada malo podría sucedernos.

 

Antonio Moll, creador de Being One. © Curro Cañete.

Antonio Moll, creador de Being One, que a ratos vivió un infierno, pero que no tiró la toalla. © Curro Cañete.

En aquel momento flotante dejó de afectarme hasta el injusto titular de El País que me había quitado un poco el sueño la noche anterior, ese artículo de un periódico que no mandó un solo periodista a cubrir el acto pero que sí se interesó cuando las cosas iban mal. Se interesó y se equivocó porque no se dejaron tiradas a miles de personas, ni se canceló el evento (como llegaron a afirmar) y además elaboró un texto de forma sensacionalista e incomprensible: dos artículos, dos, uno de ellos hablando del “negocio de la espiritudalidad”, como si la espiritualidad estuviera reñida con el dinero. ¿De verdad a día de hoy aún no se sabe que la espiritualidad no significa haber hecho un voto de pobreza? En el otro artículo, aún más polémico, definió Being One como un “congreso de coaching” cuando no había ni coaches ni coaching, y llevando al titular que subieron a un Facebook con 3 millones de seguidores las cifras más extremas para conseguir llamar la atención consiguiendo lo que consiguió: cientos de comentarios insultantes en redes sociales de gente que anda a la espera de titulares tendenciosos para lanzarse a la yugular. El que quiere sangre, la encuentra, ya se sabe. IMG_2642Lo peor fue que El mundo, el segundo periódico más importante, no contrastó nada, vio el titular de El País con la palabra coaching y dijo: “yo pongo lo mismo”. Y escribió un titular casi idéntico. En las redes unos insultaban a los maestros espirituales por cobrar por su trabajo. Otros a la gente que se gastan su dinero en lo que, según ellos, es imperdonable que se gasten su dinero. Otros arremetían con mucho odio contra quienes, como yo, hemos invertido un año de nuestra vida, tras licenciarnos, en formarnos con un máster de universidad y hacemos coaching. Qué pena. Y qué maravilla. Porque después de ver a Mooji y hacer su meditación, después de ver a gente llorando, y después de sentir la energía de miles de personas que sueñan con hacer del mundo un lugar amoroso, y que quieren dar lo que puedan dar en esta vida, sucedió algo maravilloso en mi interior: eso ya no importaba tanto, lo del País no importaba tanto, en realidad nada importaba tanto. Solo me importaba que estaba vivo, y que había espacio para la paz.

Pero a lo que íbamos: impresionante, magnánimo. Hubo protestas, sí, por los retrasos, y porque al principio no se oía nada, y porque falló la traducción simultánea, y porque el segundo día se armó una de escándalo. Tranquilidad: lo vamos a contar todo.

Sergi Torres sobre el escenario. © Curro Cañete

Sergi Torres sobre el escenario. © Curro Cañete

El primer día no se escuchaba, decíamos. Los problemas de organización, graves, nos retaban a los presentes. Pero de pronto salió Sergi Torres, y empezó a escucharse, y empezamos a fluir con Sergi, a maravillarnos con Sergi, cuando decía: “La mayor parte del conflicto humano hoy en día está en no querer vivir lo que estoy viviendo. No hablo de conformismo, estoy hablando de pasión, la pasión de existir en el instante en el que existo…”. Sergi podría haberse quejado ante el caos que por momentos se vivió, como hicieron otros ponentes, pero él no se quejó, sino que optó por vivir lo que estaba sucediendo, sin dar pena en ningún momento. “Nos quejamos, gritamos y generamos guerras, exigiendo lo que nosotros no encontramos dentro”, dijo. Y dio una clave muy cierta: tanto como para que lo comprobáramos a lo largo de tres días los que estábamos allí. “O fluyes, o te resistes. Si fluyes, aquí estás, si te resistes, aquí estás también, pero la experiencia, tu vivencia, es totalmente distinta. Si te resistes, todo te golpea, si fluyes, todo te acompaña”.

Sergi se ganó muchos aplausos, y cambió la energía del recinto entero en ese primer día. De la desilusión la gente pasó a las ganas. Ganas de vivir, ganas de seguir creyendo, ganas de seguir apostando por el evento pese a todas las dificultades.

Sí, es cierto, el segundo día hubo mucho caos y no hay excusas: lo hicieron fatal. Las pataletas de algunos asistentes estaban totalmente justificadas: ¿habían pagado para estar en la calle? Toda la razón. Pero luego entramos, y pidieron perdón, y fueron sinceros, y admitieron que se les había ido de las manos, pero gracias a que se les fue de las manos existió. Fue una prueba de fe muy retadora: quien la superó se encontró con el regalo de un tercer día maravilloso. Y en términos generales podemos decir, a toro pasado, que Being one ha sido una experiencia hermosa e impresionante. Había mucha más gente agradecida que instalada en la queja. Colas desesperantes, como cuando se espera para ver a Madonna o a Lady Gaga; gente de toda raza y condición, pero todos iguales, porque la mujer estadounidense de pelo blanco que había venido desde el otro lado del Atlántico era exactamente igual que yo, este andaluz afincado en Madrid que lleva buscando su sitio 38 años. Se derribaron muchos tópicos: había mucha gente joven, muchísima, y mucha gente guapa, y moderna, y con rastas, y cool, y mayor, y con burka, y de otros países, y hasta chicos guapos con piercing y tatuajes y hasta un chico muy simpático con una sudadera igual de sonriente que la mía. Todos buscamos nuestros sitio, todos.

Sin miedo a nada. © Curro Cañete

Sin miedo a nada. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

El gran Toni, de Mindalia. Nunca falla. © Curro Cañete.

El gran Toni, de Mindalia. Nunca falla. © Curro Cañete.

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete 

Foto de © Curro Cañete

© Curro Cañete

La libreta de una asistente. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

Om Radio. © Curro Cañete

Om Radio. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Jose Mari Sarasola. web: josemarisarasola.com Foto de © Curro Cañete

EL gran Jose Mari Sarasola, un descubrimiento. web: josemarisarasola.com Foto de © Curro Cañete

Celia Martínez Subiza. Foto de © Curro Cañete

Celia Martínez Subiza. Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

Viéndolo todo.

Observándolo todo.

Desde EE UU. © Curro Cañete

Desde EE UU. © Curro Cañete

Antonio Moll. © Curro Cañete

Antonio Moll. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

Gracias por tu trabajo, Elena. Una crack que nunca falla. © Curro Cañete

Gracias por tu trabajo, Elena. Una crack que nunca falla. © Curro Cañete

Anne Igartiburu. Gracias. © Curro Cañete

Anne Igartiburu. Gracias. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

En la cola de Sergi Torres. © Curro Cañete

En la cola de Sergi Torres. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

¿Dónde está Curro? Aquí está, viviendo.

¿Dónde está Curro? Aquí está, viviendo.

Covadonga Pérez Lozana. © Curro Cañete

Covadonga Pérez Lozana. © Curro Cañete

Carmen Giménez Cuenca, gran coach y sin embargo amiga. www.coachingantiaging.com © Curro Cañete

Carmen Giménez Cuenca, gran coach y sin embargo amiga. www.coachingantiaging.com © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

Los libreros más guapos y dicharacheros. Vendieron muuuuchos libros, pero faltaba el mío. © Curro Cañete

Los libreros más guapos y dicharacheros. Vendieron muuuuchos libros, pero faltaba el mío. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

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© Curro Cañete

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© Curro Cañete

Todos buscamos nuestro sitio, todos, porque buscar nuestro sitio es querer encontrarnos, y el que se encuentra se conoce, y el que se conoce tiene menos miedo. Lo dijo Greff Braden en su conferencia brillante: “Cuando nos conocemos a nosotros mismos podemos conectar con el mundo… Ya no tengo miedo al mundo. Cuando siento miedo me comunica que hay algo de lo que tengo que ser consciente en el mundo. Pero mientras más me conozco menos miedo tengo. Más equipados estamos para enfrentarnos a la vida. Cuando armonizamos corazón y cerebro nuestro cuerpo interpreta esto como amor. Cuando nos amamos a nosotros mismos el miedo no tiene el mismo significado”.

Alicia Sánchez conversó con Greff Braden. © Curro Cañete

Alicia Sánchez conversó con Greff Braden. © Curro Cañete

 

Greff Braden: no hemos cambiado casi nada. © Curro Cañete.

Greff Braden: no hemos cambiado casi nada. © Curro Cañete.

Al día siguiente, sin embargo, nos entró el miedo. La cosa se acababa. No había dinero para pagar a seguridad y no se abrían las puertas. El jefe de seguridad de Leganés no quería dejar allí tiradas a tantas personas, pero, ¿qué podían hacer? En esos momentos llegó el reto más grande: irnos o quedarnos. Unos se fueron, la mayoría se quedó.

El monje que vendió su ferrari, en la calle sin poder entrar. Todos somos uno. © Curro Cañete

El monje que vendió su ferrari, en la calle sin poder entrar. Todos somos uno. © Curro Cañete

Alex Rovira en el improvisado escenario. © Curro Cañete

Alex Rovira en el improvisado escenario. © Curro Cañete

Robin S. Sharma, el conocidísimo monje que vendió su ferrari, apareció entre las masas allí mismo, en la calle, y comenzó a hablar. “Cada día tenemos la opción de ser víctimas o líderes”, dijo, pero luego se marchó a su hotel. Alex Rovira hizo lo mismo, dijo algo sobre “creer, crear, lograr” y se marchó. Y salió también entre las masas la presentadora del evento, Alicia Sánchez, muy sonriente y aupada por la turbamulta. Algunos la llamaron valiente. “Yo solo soy la presentadora, no soy responsable”, dijo. Todos somos uno, pero Alicia se fue. Su puntito de energía (y ese 99,99999 que la rodeaba) se fue lejos, lejos, lejos. Todo es posible, es cierto, pero esto yo no lo podía creer.

El hijo de Miguel Ruiz ya había hablado el día anterior y no tenía por qué quedarse con la gente ante tal follón, pero se quedó. Su hermano también. © Curro Cañete

El hijo de Miguel Ruiz ya había hablado el día anterior y no tenía por qué quedarse con la gente ante tal follón, pero se quedó. Su hermano también. © Curro Cañete

Muchos nos quedamos, pero no hizo así Alicia Sánchez, presentadora del acto, que tal vez no valoró lo suficiente el increíble regalo que le había hecho Antonio Moll ofreciéndole presencia diaria destacada ante la mayor audiencia nunca soñada. A muchos nos hubiera encantado estar en su lugar. Y no solo tenia la increible oportunidad de presentar aquello, sino que le pusieron un stand enterito ¡solo para sus libros! ¿Imaginan lo que es eso? Pensé en mi precioso libro “Una nueva felicidad” y en cuanto me hubiera gustado verlo allí.  “Yo solo soy la presentadora. No soy responsable”, pero sí, sí lo era, su responsabilidad como presentadora era quedarse con sus libros y con la gente, no irse hasta que la gente se fuera. Pero se fue, y con su marcha perdió la hermosa oportunidad de vivir y experimentar ese evento hasta el final, con sus subidas emocionantes y mágicas. Esta es mi perspectiva, claro.

Sergi Torres ya había terminado su trabajo, pero se quedó los tres días, y nada de camerinos, estuvo todo el tiempo disponible para la gente, entre el público como uno más e incluso dio una segunda conferencia sin cobrar nada, simplemente porque quiso y le salió del corazón.

Sergi Torres, uno más entre el público. A su lado, Sara. Nunca falla. © Curro Cañete

Sergi Torres, uno más entre el público. A su lado, Sara. Nunca falla. © Curro Cañete

Sergi firmando su último libro: "¿Me acompañas?". © Curro Cañete

Sergi firmando su último libro: “¿Me acompañas?”. © Curro Cañete

Emmanuelle Dagher y Anita Moorjani. Prosperidad fácil para todos. © Curro Cañete

Emmanuelle Dagher y Anita Moorjani. Prosperidad fácil para todos. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

Total, que el segundo día pasó de aquella manera, con muchas tensiones, con Antonio hablando desde arriba de la plaza de toros, con las puertas abiertas de nuevo, con Emmanuelle Dagher hablando de prosperidad fácil (“¿Y si el fracaso no existiera y solo fuera un feedback que nos dice que no queremos esa experiencia?) y con Anita Moorjani hablando del más allá y de cómo liberarnos del miedo (“cuanto más miedo tienes en tu vida significa cuanto menos te amas. La forma de liberarme del miedo es enfocarme en el amor”), y nos fuimos a dormir creyendo en los milagros. Y el milagro sucedió. Porque el domingo todo fue rodado, todo fue mágico, las puertas se abrieron de forma puntual, no falló casi nada. No había catering, vale, pero eso nos daba igual.

Qué majo y simpático. Jeff Foster. © Curro Cañete

Qué majo y simpático. Jeff Foster. © Curro Cañete

El domingo empezamos con una bellísima conferencia y una presencia poderosa: Jeff Foster, que empezó con el elemento clave de su discurso: llegar a estar fascinados con el momento presente. Honrar lo que está aquí. “Tú puedes ser amado tal y como eres, incluso teniendo tus dudas, tu tristeza, incluso con el corazón roto”. Celebrar, siempre celebrar, también lo que aparentemente no va bien. “Podemos celebrar que estamos aquí y que ha sido un completo caos”. Aplausos. Y risas. Porque Jeff Foster practicó en directo el mejor de los artes: reírse de uno mismo. Al tío le entraba la risa ante sus ocurrencias y esas risas rebotaban por la inmensidad del recinto, multiplicando las nuestras. Luego contó cosas bellísimas de su padre, que murió hace no tanto, y que tuvo alzheimer. “Él no podía recordar quien yo era pero tuvimos unos momentos preciosos simplemente estando juntos. Momentos que nunca voy a olvidar, sentados al lado del mar mirando las olas, tomando una taza de té… momentos en que la vida entra dentro de ti. Momentos en los que nada tiene sentido pero estoy vivo. No es el momento que estaba esperando pero estoy tan agradecido…”.

Nos gustó muchísimo las cosas que dijo Jeff Foster: “La mayor de las alegrías en esta vida es ser un misterio para ti mismo. Caer en ese espacio de ‘no saber’. Y desde pequeños nos han castigado por no saber cuando ese ‘no saber’ es nuestra naturaleza… la mente de ‘yo sé’ es muy dolorosa. Yo estaba agotado de ser alguien diferente de quien era. Yo había estado deprimido y con intenciones suicidas. Ese ansia de morir era mi ansia de despertar”.

Me temo que este que escribe tiene muchas cosas que hacer y el tiempo para esto se está agotando: he de ir recortando mucho. Pero los chicos de Mindalia colgarán muchos vídeos y podéis verlos. Haré un resumen muy resumido de lo que vino a continuación:

Neale Donald Walsch. © Curro Cañete

Neale Donald Walsch. © Curro Cañete

Llegó el turno de Neale Donald Walsch y toda su maestría: un genio sobre el escenario que encandiló al público sobre todo con la fuerza de una palabra: GRACIAS. Dice que esa palabra lo cambia todo. Y es cierto: en el momento en que te sientes agradecido, tu perspectiva cambia. “La mayoría de la gente no sabe quién es ni para qué está aquí. El resultado de esta ignorancia es que la gente vive en sufrimiento y conflicto… el líder espiritual es el que dice: ‘Yo iré primero’. Sed aquel que dice: ‘yo iré primero’. Es tiempo de despertar a la especie. Hemos caminado dormidos durante mucho tiempo… Vuestra vida puede cambiar y cambiará con una palabra. Una palabra y concepto que cambiará vuestra experiencia: gratitud. La gratitud es la herramienta más poderosa y menos utilizada. No es una emoción, es una decisión. No importa lo que suceda, lo que pase, lo que ocurra, decimos: gracias, Dios… no, no es un intento de cambiar la mente sino de abrir la mente sobre lo extraordinario de la vida. Lo que sucede nunca es malo. Podéis bendecir incluso a vuestros enemigos”.

Suzanne Powell conversa con Antonio Moll y Donald. © Curro Cañete

Suzanne Powell conversa con Antonio Moll y Donald. © Curro Cañete

Luego salió al escenario Suzanne Powell, también sin cobrar y llena de alegría y energía positiva, con su coleta, y Antonio Moll y ella charlaron con Donald Walsch también transmitiéndole algunas preguntas del público.

© Curro Cañete

© Curro Cañete

Lo más mágico, sin embargo, vino después con Mooji. “Un tiempo reducido no significa que no sea un tiempo completo”, dijo antes de iniciar una meditación que llevó a cientos de personas a las lágrimas. Las lágrimas venían de la conexión directa con ellas mismas. “No estáis simplemente probando la vida, sois la vida misma. El juego de la vida aparece delante de vosotros”.

Mooji. © Curro Cañete

Mooji. © Curro Cañete

© Curro Cañete

© Curro Cañete

Mabel Katz puso a bailar a la gente e insistió en que “la vida son decisiones. Pueden decidir hoy ser felices”.

Pues decidamos eso o estar presentes con lo que hay, como dirían Sergi y Foster. Que cada uno decida lo que quiera. Todo está bien, también la marcha de Alicia. Y lo que hizo Antonio Moll. Porque Antonio Moll ha tenido la prueba de fe más grande de su vida: lo ha pasado fatal, fatal, con todo esto de Being One, pero no se rindió, y al no rendirse hizo posible esa obra colosal: el mayor evento espiritual de la historia de nuestro país, y de Europa, porque no había existido un Being One en Europa hasta ahora. “He sobrevivido a mi infierno”, dijo Moll sobre el escenario.

Being one acabó siendo una metáfora de la vida: a veces estamos en la cuerda floja, tal que si fuéramos equilibristas que pueden caerse, y de nosotros depende en cierta medida seguir caminando por esa fina línea que puede llevarnos hacia lo que nos llevó a los que persistimos: la alegría, la union y el propósito, y la certeza de que la fe triunfó de forma impresionante en un evento de desarrollo personal que ya ha hecho historia en nuestro país gracias a la valentía de un hombre, Antonio Moll, que apostó todo lo que tenía (su dinero, su mente y su espíritu) sin garantías de éxito, pero que lo tuvo, lo tuvo y por momentos incluso este que escribe pensó que todo se iba a la porra, maldita sea. Pero no me fui. Me quedé. Me quedé con la gente que se quedó, que fue la inmensa mayoría, y me quedé sin quejas y con un pensamiento lleno de esperanza: todos somos uno. Gracias.

Mi brazo, mi tatuaje y la prueba de que la fe y el propósito triunfaron. Así estaba el escenario en las últimas horas del domingo. © Curro Cañete

Mi brazo, mi tatuaje y la prueba de que la fe y el propósito triunfaron. Así estaba el escenario en las últimas horas del domingo. © Curro Cañete

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