La tragedia de Orlando y la homofobia: ¿a quién hago daño yo y cómo puedo dejar de hacerlo?

No había comentado nada de los atentados homófobos de Orlando por los que han muerto medio centenar de personas porque preferí quedarme al margen. Al fin y al cabo, todo el mundo tenía algo que decir sobre esa tragedia, lo cual es genial y lo sería aún más si nos sirviera para algo además de escandalizarnos durante un par de semanas. Para reflexionar y aprender, por ejemplo. La tragedia es que mueran cuarenta y nueve personas, claro, pero deja al descubierto algo que nos puede llevar a una mayor conciencia, a reflexionar sobre la gran tragedia de la humanidad: el hecho en sí de que está presa de sus ideas tal que si viviéramos en una cárcel (en mayor o menor grado).  ¿Cómo puede haber alguien que le dé tanta importancia a una idea?, ¿cómo puede el ser humano llegar a matar por una idea? Yo pienso que tú no tienes derecho a existir. Es una idea cruel que lleva al asesinato. En ese sentido hablamos de odio y da igual que sea homofobia, extremismo islamista o violencia de género. Es odio: lo contrario al amor.

Ilustración de Klaine Fanart

Ilustración de Klaine Fanart

Pero entre esa idea extrema que lleva a ese acto extremo y otras ideas que llevan a otros actos que vemos todos los días hay infinitos matices de gris llenos de toxicidad. Homófobo es el que mata a otro por el simple hecho de que ese otro desea amar a personas de su mismo sexo, pero también lo es, tal vez inconscientemente, ese familiar que mira para otro lado con gesto censurador, denso silencio o mirada distante desde el mismo momento en que se entera que el hijo de la tía Fulanita es gay. Uy, uy, uy, de eso mejor no se habla.  O ese pobrecillo ignorante que le dice a su hermana cuando ésta le confiesa que es lesbiana: “Tal vez se te pase”. Os parecerá raro que alguien pueda decir algo así en pleno siglo XXI pero no lo es tanto. He tenido hace poco una cliente de coaching, homosexual con serios problemas de aceptación a sí misma, a la que su hermano le dijo exactamente eso cuando ella, después de mucho sufrimiento, le confesó que era lesbiana. Año 2016.

Dentro de 2000 años, nuestros futuros seres humanos, no podrán entender ciertas cosas. Nos verán poco más que como ahora vemos a los primates. A día de hoy ya no entendemos que alguien pueda matar, pero ellos no podrán entender que nos juzgáramos los unos a los otros, que criticáramos a los que tratan de hacer aquello en lo que creen, que pusiéramos tantas piedras en nuestro camino los unos a los otros, que hiciéramos tantos reproches a nuestras parejas o seres queridos (más o menos sutiles), que perdiéramos los días y las horas entreteniendo a la gente con noticias sensacionalistas que no contribuyen a un mundo mejor, que nos insultáramos (verbal o mentalmente) por ser homosexuales, o gordos, o por vestir de una forma u otra, o por ser bajitos, o por llevar gafas de culo de botella, o porque nos guste y nos haga sentir bien una música “hortera” según el criterio de los intelectuales. A ver si empezamos a comprender que los juicios duelen incluso cuando no se hacen directamente.

Los futuros seres humanos de dentro de 2.000 años leerán de nosotros en los libros de texto y tampoco entenderán que muchos intoxicáramos diariamente ¡nuestros benditos pulmones! con tabaco, por ejemplo, por no hablar de que las borracheras continuas como forma ganadora de divertirse y de celebrar se verá algo absurdo y tremendo. ¿Tener que perder la conciencia para disfrutar de la vida?, se preguntarán escandalizados. Nosotros no estaremos aquí para verlo, pero de la misma manera que antes existía la tortura y ahora nos llevamos las manos a la cabeza, ellos se llevarán las manos a la cabeza por el hecho de que se arruinen vidas (propias y ajenas) en base a ideas tóxicas.

Me dan mucha pena los que tan injustamente han muerto y me inspira compasión el asesino. Vivir para acabar de esa manera, matando a un montón de seres inocentes…

Creo mucho en el crecimiento personal: ayuda a evolucionar, a ver cosas donde antes no se veían, a no darle tanta importancia a las ideas.

Porque matar a alguien y juzgar a otro por ser diferente es bien distinto, vale, pero no hace falta llegar a matar a alguien para que cada uno mire hacia dentro y trate de averiguar en qué puede mejorar. Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo, dijo Gandhi. Así que podemos preguntarnos, y yo, ¿a quién hago daño y cómo puedo dejar de hacerlo?

 

** Sígueme en Facebook (si quieres) Curro Cañete Leyva