Vida y muerte de Wayne Dyer

© Wayne Dyer

© Wayne Dyer

La foto es la primera página de uno de los tres libros que me regalaron el pasado 25 de julio mis buenas amigas Cristina Cáceres y Paqui Luna por mi cumpleaños, “Tus zonas sagradas”, de Wayne Dyer, con el que siempre estaré en deuda porque su magnífico libro, ‘Tus zonas erróneas’, me ayudó bastante en su día a darle un poco la vuelta a la tortilla, a no preocuparme tanto por cada desplante que yo percibía y a quererme un poco más.

El otro día Paqui Luna me escribió un mensaje cuando yo estaba en el hospital por un motivo familiar (nada grave y todo está bien): “Ha muerto Wayne Dyer”, me decía entre otras cosas, y me sobresalté internamente, pero no por lo que de él han escrito los periódicos, que no publicitaron ninguno de sus veinticinco libros ni falta que a él le hizo, pues vendía una barbaridad en el mundo entero.

En los periódicos lo despacharon poco más que como el “padre de la motivación” y si él desde el cielo lo viera sonreiría agradecido, de eso estoy seguro, aunque esas palabras sean calderilla para todo lo que él hizo, que fue mucho, fue darle la vuelta a la tortilla a su vida entera pero de verdad, pues hay que recordar que fue un chico huérfano, sin un duro, sin nada, y llegó a ser un amoroso padre de familia de ocho hijos conocido en todo el mundo.

Trabajó tanto en sí mismo que se liberó de todos los rencores, dejando así vía libre al Amor (con mayúsculas), además de que tuvo el valor no sólo de dejar a un lado sus adicciones, enfrentándose al miedo de que fuera a dejar de disfrutar de la vida por no beber o no fumar por ejemplo, sino de reconocer ante el mundo, ante esos seguidores que tenía, sus debilidades, sin pretender nunca hacerse lo que no era.

En su película “El cambio” explica que ya en los orfanatos, siendo todavía muy niño, trataba de ver el lado positivo de la vida.

Hay periódicos muy importantes en España que no han encontrado espacio ni para dedicarle una columnita a su muerte, ni una sola, lo cual es bastante fuerte, porque si esos mismos periódicos encuentran todos los días espacio para sacar a cuatro columnas las peleas de vecinos, aliñadas de todo tipo de chismes, de nuestros insoportables políticos, ¿cómo no van a dar a conocer la muerte de un hombre que ha ayudado a millones de personas a ver la vida desde una perspectiva más elevada?

Señoras y señores, la noticia de la muerte de Wayne Dyer la dio su familia en su Facebook y la compartieron 136.000 personas. Tuvo 76. 937 comentarios, que se dice pronto.

“Totalmente desprevenidos entramos en el atardecer de la vida y lo peor de todo es que nos adentramos en él con la falsa presunción de que nuestras verdades e ideales nos servirán a partir de entonces, pero no podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa que la mañana, pues lo que en la mañana era mucho, en el atardecer será poco, y lo que en la mañana era verdadero en la tarde será falso”, dice en su película El cambio, y tal vez tenga razón, tal vez entonces nos demos cuenta de que nos queda menos para cumplir el reto de ser libres, o tal vez muchas cosas que creemos cuando somos jóvenes las veremos luego de otro modo, siendo capaces entonces de asimilar esa otra frase que tengo subrayada de otro de sus libros y que traje yo a esta página días antes de su muerte: “Hacemos suposiciones a lo que nos hará felices y acabamos frustrados. Nos esforzamos por hacer valer y acrecentar nuestra propia importancia cuando lo que anhelamos es una vida más profunda y rica. Caemos repetidamente en el vacío del egocentrismo, sin saber que lo único que necesitamos es bloquear la falsa idea de quienes somos”.