Virginia Blanes: “El amor y la vida son para los valientes”

Virginia Blanes publica Amar sin sufrir. El libro de los hijos, un ensayo en el que habla de dificultades a las que todos nos enfrentamos y en el que vuelve a haber un protagonista: el Amor. Aquí una entrevista tranquila, en profundidad, a una de las voces más potentes y con más seguidores del crecimiento personal y la espiritualidad en la actualidad. Texto y foto: Curro Cañete.

 

Virginia Blanes y Hada, su cariñosa perrita, en un momento de la entrevista. © Curro Cañete

Virginia Blanes y Hada, su cariñosa perrita, en un momento de la entrevista. © Curro Cañete

Virginia Blanes fue muy generosa conmigo. Me dejó hacerle fotos y a ella las fotos no le gustan, e hizo cosas que no tenía por qué haber hecho, como abrirme su hermosa casa de par en par o preguntarme cuando terminamos de hablar: “¿Dónde puedo llevarte con el coche?” Sí, me llevó de vuelta en su coche, con Hada, la perra más cariñosa, que no paró de jugar conmigo mientras hacía la entrevista (“es que le encantan los hombres”), pero además fue generosa porque estuvo respondiéndome más de una hora a todas las preguntas que yo quise. Y cuando terminamos, seguí haciéndole preguntas, pero ya sin grabadora. Le conté alguna intimidad a Virginia y ella me escuchó amorosamente, tendiéndome la mano y compartiendo su experiencia conmigo por si podía ayudar, una experiencia de vida, la suya, que ha conocido el dolor y el desgarro, los años de no saber qué hacer ni por qué no le llegaba casi el dinero, el verse a veces incomprendida por todos, por su entorno y por la sociedad. Pero siguió creyendo en ella, y cuando peor le iba, cuando no tenía nada, le regalaron un ordenador y escribió El laberinto de los dioses, su primer libro.

Ahora presenta su cuarto libro, Amar sin sufrir. El libro de los hijos (Gaia), un libro bien escrito y recomendable que puede resultar revelador para quienes quieran soltar cadenas y tengan el valor de comprometerse con su vida y empezar a ser libres. Esta entrevista es muy larga, una de esas entrevistas de horas de trabajo y en profundidad que ya no se hacen en casi ningún medio. Los medios quieren cosas ligeras y rápidas, con titulares sensacionalistas, porque dicen que la gente no tiene ganas de leer tanto. Pero yo he preferido apenas editarla, en un intento de acercar a los lectores a esa conversación íntima y directa, sincera y cálida, que mantuvimos Virginia y yo la tarde del 12 de diciembre de 2017.

1. En este libro te has puesto seria.
Sí, es un tema delicado.

2. Dijiste en tu última conferencia: “El problema jamás es el amor que no te supieron o no te quisieron dar, el problema es el amor que vosotros no os estáis dando ahora mismo”. ¿Las heridas del pasado no pueden impedir que nos amemos?

Todos tenemos heridas y son esas heridas del pasado las que generan nuestro manantial de sufrimiento, de miedo al amor, de sensación de que no merecemos o que no somos dignos de ser amados. Evidentemente, ahí hay un problema, pero necesitamos amarnos a nosotros mismos un mínimo para atrevernos a sanar esa herida. Y eso solo depende de nosotros. Haya sido la persona que haya sido la que ha causado la herida o haya sido la circunstancia que haya sido, la responsabilidad siempre es nuestra y siempre es en el momento presente cuando podemos empezar a sanarla.

3. Por eso insistes en este libro que es muy importante soltar todas las culpas y a todos los culpables.

Hablo de eso en el último capítulo del libro porque sé que al leer el libro muchas personas pueden verse reflejadas tanto como hijos como padres y eso puede ser difícil en el caso de que lo que permitan que salga sea la culpa, ya sea a sus padres o hacia ellos. Es curioso que la culpa no es una emoción natural. Pero eso no quiere decir que sea natural. Los animales, por ejemplo, no sienten culpa –es aquí donde su perra, Hada, empieza a comerme vivo, como si se hubiera dado por aludida-. Imagina a un león sintiendo culpa por comerse a un cervatillo. Los seres humanos sentimos culpa cada vez que nos sentimos avergonzados por priorizarnos. Y es impresionante, porque hay una diferencia abismal entre el egoísmo y el amor a uno mismo. El que es egoísta no contempla al otro, no contempla que el otro es un ser sintiente. Pero cuando tú te amas, eres consciente de que eres un ser sintiente y el otro también y por eso tienes muy claro que lo que no haces por ti no lo vas a hacer por el otro y el otro no va a hacer por ti lo que no hace por él mismo.

4. ¿El egoísta no tiene el deseo de ser generoso con los demás?
El que es egoísta ni siquiera tiene la capacidad empática de reconocer que a su alrededor hay otros seres sintientes. Cosifica al que está enfrente.

5. El que tiene amor propio quiere ser generoso con el otro sin abandonarse a sí mismo.

Efectivamente. En el momento en que yo dejo de amarme para amarte a ti, eso es un chantaje, porque luego te lo voy a echar en cara, te voy a echar en cara lo que yo he hecho por ti y lo que he dejado de hacer por mí. Y si yo no merezco mi propio amor cómo me vas a dar tú el tuyo.

6. Incluso aunque no te lo eche en cara va a quedar de alguna manera en mí, ¿no?

Sí, hay muchas maneras de echar en cara y no siempre es la verbal.

7. Te lo voy a echar en cara aunque yo no quiera.

Sí, pero fíjate que a nivel educacional se ha oído muchas veces: “Si yo no me preocupara no sería una buena madre”. ¿Perdona? Cada vez que nos estamos preocupando por otro estamos dando por hecho que el otro es inútil, que el otro es incapaz de hacer uso de sus dones y de servirse por sí mismo, de salir a la vida y de ser feliz. La preocupación es estar creando un mal futuro para que el otro tenga que volver a mí.

8 . ¿Quieres decir que preocuparse por alguien supone no confiar en ese alguien?

Estamos educados en que el amor es dependencia, es preocupación, es chantaje. Eso es hacer el amor muy pequeño y hacer todo lo que no es amor muy grande. Recuerdo la primera vez que fui al desierto del Sáhara, allí, en mitad de las dunas, experimentando esa sensación muy particular que conocemos todos los que hemos estado en el desierto, de repente me pregunté: ¿qué nos une a la humanidad?, ¿el amor o el dolor? Por desgracia es el dolor. ¿Cómo es posible que sigamos manteniendo ese nexo de conexión a través del sufrimiento y no a través del amor? De ese modo necesitamos catástrofes para unirnos, necesitamos malos, dramas, para sentirnos unidos.

9. ¿Puedes necesitar incluso que a una persona que quieres le pase algo malo para apoyarla?

Sí, para que dependa de ti. Tus auténticos amigos no son los que te dejan el hombro para llorar sino los que celebran contigo las alegrías. Estar ahí para atender es muy fácil, pero estar ahí para celebrar de corazón no es tan sencillo, tienes que amar realmente. Ahí es donde nos unimos desde el amor. Porque lo que te pasa a ti bueno me pasa a mí, aunque ni siquiera nos conozcamos. Y con respecto a lo que te pasa a ti malo yo puedo elegir no hundirme con ello. Si me hundo te estoy diciendo que esa es la única opción de la realidad.

 

Foto de © Curro Cañete

Foto de © Curro Cañete

10. Y además realmente, si yo estoy mal, no me haces ningún favor hundiéndote conmigo. Escribes en el libro: “Es muy difícil encontrar madres y padres cuyo único deseo sea que su hijo sea feliz y que ellos le den un permiso sincero para que pueda cumplir su propósito de vida”. ¿Por qué tantos padres no apoyan a sus hijos en su camino de vida?

Porque no se han apoyado a sí mismos, así de sencillo. Los seres humanos necesitamos que alguien nos muestre que algo es posible para salir de las creencias limitantes o de imposibilidad. Pero cuando ese alguien es tan cercano que lo que te está enseñando es que tú también podías y que tú no has tenido el valor o no te has dado el permiso, o no te has amado lo suficiente o has sido un vago o lo que sea, eso nos sienta mal. Si yo como persona no me doy el permiso de ser feliz no se lo puedo dar a la gente que está cerca de mí porque eso garantizaría que me quedo sola. Y prefiero expulsar a mis hijos del clan si me demuestran que yo no he hecho todo lo que podía hacer a empujarlos a que manifiesten su máximo potencial, porque eso implicaría tener que hacer un trabajo mío.

11. Y también reflejaría tu fracaso.

Yo creo que más que el fracaso podemos hablar de la cobardía y la irresponsabilidad. Fracaso es una palabra con connotaciones muy variables y la cobardía es menos variable.

Extracto de 'Amar sin sufrir. El libro de los hijos". © Curro Cañete

Extracto de ‘Amar sin sufrir. El libro de los hijos”. © Curro Cañete

12. ¿Hace falta valentía para hacer lo que uno cree al margen de lo que digan o quieran los padres?

Muchísima. Hace falta muchísimo valor. Pero es que el amor es para los valientes y la vida es para los valientes. Y todo lo que no implica valor al final te da parcelas de comodidad, de comodidad incómoda, como yo digo, pero no te hace sentir, no te da un pleno en el centro de tu pecho, no te pone esos pies en el suelo que tienen un sentido para caminar. Lo otro es como: “Vale, pues aquí estoy, a ver si pasa el tiempo”. Pero, ¿y qué haces ahí con 80 años? O con 20, da igual. Qué triste. Y en el libro lo pongo: me parece el trabajo más difícil del mundo ser padre, porque si tú contigo tienes cada día varios arco iris diferentes, imagina como será tú contigo, con una pareja y además con unos niños o adolescentes o adultos que te están mirando, que te están imitando, para los que eres su referente, guau, qué difícil. Y hace falta ser muy valiente para estar en la honestidad en lugar de despistarte, distraerte y hacerte el loco con esa responsabilidad que has adquirido tú. Es lo que pongo en el libro: cuánta gente se plantea para qué quiere ser padre o madre. Nos preguntamos hasta para qué vamos a comprar un coche nuevo, pero no nos preguntamos para qué vamos a tener un hijo.

13. Es importante preguntarse para qué quiere uno ser padre o madre.

Preguntárselo es importante, contestárselo honestamente, más. Porque si me lo pregunto y no me lo contesto o me contesto “para que mis padres estén contentos y sean abuelos” y ahí me quedo y no profundizo y no veo los motores… Cuando la gente se contesta honestamente esa pregunta ve que la inercia o el reloj biológico o las ganas no son suyas, son una herencia, son una costumbre que dice “hay que tener hijos”… pero eso no tiene que ser así. Habrá gente que sí y habrá gente que no. Pero la mayoría de la gente tiene hijos sin planteárselo conscientemente. Y claro, un hijo luego no vas al concesionario y lo devuelves.

14. Tener un hijo es una decisión que hay que tomar desde la felicidad y desde la plenitud. No desde el “necesito algo más”. ¿No crees?

Sí. Verás, yo a día de hoy no conozco ninguna persona que de forma constante sea feliz y esté en el éxito. Tenemos épocas muy buenas y otras más complejas pero hay personas que sí son plenas a pesar de eso. En realidad todos somos plenos, pero tenemos que ser conscientes de eso. Y si tú te sientes pleno ya no hay agujeros que tapar con un hijo, con una pareja. Un hijo no tiene nada de juguete. Lo primero que hacen los hijos es enseñarle a los padres sus propias sombras, desde el amor.

15. Y los padres, ¿son los mayores maestros de los hijos?

Sí, por desgracia lo son de lo que es el desamor, la infelicidad y de todo lo que no tenemos que repetir. Y de alguna forma para eso los elegimos. Pero en ningún caso los elegimos para sufrir más que ellos o para dejar de existir por lealtad a ellos siéndonos desleales a nosotros mismos. Los hijos le enseñan a sus padres sus sombras porque les muestran todo lo que ellos no se han atrevido a manifestar y todo lo que ellos no quieren ver de sí mismos y ellos nos muestran a nosotros nuestras grandes trampas. Y qué bueno tener un espejo tan claro y tan grande.

16. Al poder aprender de ellos, resulta absurdo enfadarse con ellos…

No sé si es absurdo, hay gente que necesita atravesar la fase del enfado. A veces hay personas que contienen tanto que la forma de salir de ahí es a través del enfado.

17. La ira puede ayudarles a salir de dónde están.

Exacto. Siempre que sea ese tipo de enfado y no sea el “por tu culpa, por tu culpa”. Porque eso no es así. Si estás jodido es porque tú no estás haciendo lo que está en tu mano para salir de ahí. No es por lo que otro te haya hecho, sino porque tú no estás haciendo. La rabia siempre esconde tristeza. Es una tristeza que no hemos sabido gestionar, que no le hemos dado su espacio en el momento que correspondía y luego se convierte en rabia. Si la dejas salir de una forma sana, emerge la tristeza y empiezan a colocarse las cosas. Con los padres a veces hay que vivir un periodo de luto, aunque tus padres estén vivos, porque en realidad están muriendo tus padres ideales, esos que tú amaste antes de nacer y que idolatraste cuando naciste. Llega un momento en la vida en que ves que esa no es la realidad, y comprendes que tus padres son unas personas tan dignas como cualquiera, que han hecho lo que han podido o lo que les ha dado la gana. Si ese luto lo vives enfadado o llorando o viviendo un proceso de luto natural o tardas dos años o diez o tres semanas, es mejor vivirlo y respetarlo que obligarte a verles, a seguir en el mismo personaje o el mismo juego del que venías, porque ahí el único que se hace daño eres tú.

18. ¿Crees que cuando rompes esos lazos, pasado ese período del que hablas, finalmente hay un final “feliz”, quiero decir, luego se recompone la relación?

A veces sí y a veces no. No puedo vender que la cosa siempre acaba bien. Muchas veces cuando hay un proceso en el que el clan destierra a la persona que está en esa ruptura y que decide apostar por sí mismo y por la lealtad a sí mismo, luego todo se coloca, porque en el momento en que yo me libero, libero. En el momento en que yo me doy la oportunidad es cuando estoy dando la oportunidad a los demás. Entonces hay un reencuentro más sano, más real, más de persona a persona, no de personaje a personaje. Hay otros casos en que dentro de esa ruptura el enfado es tal, la ira es tal, que son incapaces de ver la oportunidad que hay, ese enfado se pone por encima de todo lo demás y no hay reencuentro.

19. ¿Aún así sería más importante hacer la propia vida que dejarla sin hacer?

¿Qué hay más importante en la vida que vivirla? Lo más importante es que vivas tu vida. Si estás viviendo lo que otro espera o cree no vas a ningún sitio. Bueno, vas a algún sitio pero no vas tú, va ese disfraz y ese vacío.

20. ¿Cuál fue tu verdadera intención al escribir Amar sin sufrir?

Mi intención inicial con el libro era plasmar esas cosas que no nos atrevemos la mayoría a decir en voz alta, cosas que sentimos, que nos mueven, que nos acobardan y que muchas veces solo por verbalizarlas pierden peso y nos dan cierta paz. Pero cuando lo estaba escribiendo yo seguía con mi trabajo interior y cada vez fui teniendo más claro que si este mundo puede cambiar es porque cada uno de nosotros cambiemos , sí, pero mientras las madres no cambien no hay forma. No hay vía para el cambio. Las madres son los seres más poderosos del planeta. Ni los presidentes, ni los banqueros, nadie es tan poderoso como las madres. Hablo de las madres pero el padre es fundamental también, lo que pasa es que la figura paterna está supeditada a la manipulación de la figura materna. Si los hombres toman conciencia y no se emparejan con mujeres manipuladoras que los van a ningunear o no les van a permitir que hagan de padres, ya hay un cambio. Y si hay un cambio en las mujeres y permiten que los padres hagan de padres y ellas hacen de madres, permitiendo que los hijos sean solo hijos, ahí sí puede haber una transformación.

21. ¿En qué sentido?

En el sentido de no chantajearlos, de no apropiarse, de no encadenarnos con esa lealtad al sufrimiento, porque si fuera una lealtad al amor, al éxito, al merecimiento, a la abundancia, pues chico, sería otra cosa. Pero es una lealtad al sufrimiento. Y con ese matiz de que la vida es sufrimiento, y es lucha y todo es duro, y los hombres son malos o las mujeres son malas… hay unos grilletes al repetir un drama transgeneracional, un drama que se mantiene vivo porque verbal y emocionalmente lo acogemos como la realidad y lo vamos transmitiendo. Al final es lo que te decía antes: estamos unidos en el sufrimiento. Si yo lo he pasado tan mal, cómo vas a vivir tú feliz todo el tiempo. Si las madres cambiaran eso, todo cambiaría. La sociedad cambiaría. Creo que las mujeres tienen todavía mucha consciencia de lucha. Y mientras mantengamos la conciencia de lucha no podemos reinstaurar el amor. Me da igual la excusa en la que cada uno se apoye.

22. ¿Te consideras feminista?

No, no me gusta nada lo que tenga que ver con la lucha. Yo soy mujer, hablando en plata, porque tengo una vagina, y eso no me hace ni más ni menos. Es una condición física y nada más. Pero que yo utilice eso para empoderarme, me parece tóxico, porque cada vez que cualquiera de nosotros utiliza una palabra, una idea, una memoria, para empoderarse, creamos un enemigo, y eso nos separa de nosotros.

23. ¿Quieres decir que no necesitamos utilizar nada para empoderarnos?

La única forma de retomar nuestro poder es aceptar que todo está en mí. Ahí es cuando vuelvo al amor. Entonces el juego de la víctima y el verdugo no nos sirve. Si yo voy de víctima, yo necesito un verdugo que me permita mantenerme en ese papel. En el momento en que yo me doy cuenta de que el verdugo no es mi enemigo sino solo es la manifestación de la parte de mí que no se ama y no se acepta, ese verdugo desaparece y yo puedo empezar a amarme. Pero tengo que salir de la lucha. En el momento en que salgo de la lucha, el sufrimiento ya no tiene cabida. Fíjate que el sufrimiento nace de la ignorancia pero es que la ignorancia es creer que existe una lucha. Existe la luz y existe la oscuridad y cada una tiene su papel y la una sin la otra deja de existir. Estar juzgando lo de enfrente lo único que hace es que yo me aleje de mí, de mi centro. Si me alejo de mi centro entonces vivo con carencias y entro en el juego de la dependencia. Mi libro, Amar sin sufrir, está muy enfocado a los hijos y a los padres pero está hablando del amor y de la transformación.

24.¿Has tenido que ser valiente para escribir o publicar este libro?

Me ha costado mucho escribirlo, sí. Yo soy hija, je, je. Evidentemente mi familia no es perfecta, de otro modo no tendría la consciencia de estas cosas. Y seguro que era la familia que necesitaba para poder llegar adonde he llegado. Pero ha sido difícil y ha habido capítulos que me han generado migrañas porque por mi forma de escribir yo me abstraigo de todo, entro en una especie de espacio tiempo que no pertenece a este mundo y es como si me canalizara a mí misma. Es como entrar dentro de mí y abrir unos armarios donde hay mucha información. Había capítulos que tenían partes emocionales intensas. Piensa que he querido dulcificar el libro porque podría resultar muy duro escrito de otra manera. El meterme ahí dentro con todas las vivencias personales y todos los casos que conozco, con la impotencia de ver lo fácil que sería hacer las cosas de otra manera y que no se está haciendo. La impotencia de ver que pese más el miedo que el amor, que pese más la comodidad y la cobardía que el valor. La impotencia de tener esta voz y sentir que la voz se cae, que se pierde. Y luego sacar el libro, que ya sabes lo que supone sacar algo de forma pública. Llegué a pensar en no publicarlo, pero justo entonces dos editoriales lo quisieron publicar.

25. ¿Cómo hacer entender a alguien que está sufriendo que el sufrimiento es una opción?

Honestamente creo que no se puede (Ríe). Son muchos años dedicándome a esto de cara al público. Cuando tú estás sufriendo nada de lo que te digan te vale, sea la frase que sea y venga de quien venga. Hay una frase que dice: a veces para llegar al cielo hay que atravesar el infierno. Y yo estoy de acuerdo con eso. En el sufrimiento hay un punto en que las personas tienen un clic interno y dicen ya. Y ahí es cuando pueden salir. Es cuando te aburres de sufrir. Hay como un algo interno que es como “ya no, aquí ya no hay nada más”. Cuando están en medio de su paseíto por el infierno piden ayuda pero por más que se les dé, la ayuda no llega. Por mucho que quieras darle, tu ayuda no va a llegar. Y, sin embargo, hay un momento en que hay un clic interno en el que una sola palabra hace que se encienda la luz. Y ahí ya les toca hacer el camino para salir de ese infierno.

26. Pero tú estás convencida de que el sufrimiento es opcional.

Sí. El sufrimiento es estar regodeándote en un dolor no aceptado. Porque dolor tenemos todos y hay cosas que nos hieren. Todos los días podemos tener milagros y todos los días podemos tener pequeñas heridas. La importancia que le doy a cada cosa es lo que me va a hacer vivir en paz o vivir en sufrimiento. Si tú me heriste hace diez años y yo sigo ya cicatrizada regodeándome en el daño que me hiciste porque además fue a traición y lo sigo contando a todo el mundo, eso es el sufrimiento. Es revolcarme como un cerdito en algo que solamente es una opción.

26. Y ahí pierdes tu energía y tu fuerza, el amor.

Ahí lo pierdes todo.

27. Para ser feliz es importante liberarse de las limitaciones de los antepasados. Hablas bastante de las cadenas que nos unen no solo a nuestros padres sino más allá.

Esto mucha gente no lo sabe. Pero no hace falta estar metido en el mundo de la consciencia para saberlo. Si tú observas cualquier familia es muy espectacular ver cómo se repiten los patrones de generación en generación. Esto es simplemente observar. No te hablo de la familia de carniceros que el tatarabuelo era carnicero y el abuelo y el bisabuelo también. Te hablo de “su madre era costurera y él se ha casado con una costurera que se llama igual que su madre”. Realmente se ha enamorado de ella, pero ahí hay una repetición, él quiere la crianza para sus hijos que ha tenido porque no concibe otra. Desde eso a los amores frustrados, los amores imposibles, el no tienes derecho a tener dinero porque los que tienen dinero son unos cabrones, todo son repeticiones. Esas repeticiones son como programas en un ordenador. Imagina que naces Windows, tus padres han sido Windows y tus abuelos han sido Windows. ¿Es malo, es bueno? Pero si tú naces Mac y tus padres te han metido los programas de Windows, tú te sientes incapacitado y algo te rechina porque tú no estás siendo lo que has nacido para ser. Y cuando te reseteas, te quitas los virus y los programas que no te corresponden, empiezas a ser. Cuando empiezas a ser te das cuenta que tus padres también eran Mac y estaban contaminados por un programa de Windows que les habían metido sus abuelos, pero tus abuelos también eran Mac y habían sido contaminados desde arriba. Entonces, ¿quién es el culpable? Yo soy el único responsable si decido quedarme con los programas de Windows que me están infectando. Nadie más.

28. Por eso insistes tanto en lo importante que es que cada cual se responsabilice de su vida, sin echar culpas a nadie.

Claro. La culpa es uno de los mayores síntomas de irresponsabilidad. Mientras yo te echo la culpa no me tengo que hacer cargo ni de lo que siento ni de lo que yo he permitido que tú me hagas ni de lo que yo me estoy haciendo, no me tengo que hacer cargo de nada y puedo mantenerme en el sufrimiento. Y si yo me estoy echando la culpa me inmovilizo también. Muchas veces se te activa la culpa cuando vas a hacer algo a favor tuya. Ahí es elegir entre la culpa o la responsabilidad.

29. Hay gente que quiere que el trabajo de crecimiento personal sea de un día para otro. En mi caso ha sido un proceso de muchos años que aún continúa. Pero tú que llevas más años que yo trabajando en este ámbito, ¿consideras que hay veces que el cambio puede ser muy rápido?, ¿hay personas que de repente tienen un clic y cambian, tienen una transformación muy rápida?

Para mí en la mayoría de los casos es un proceso de años que no termina nunca. Porque cuando te has mirado un virus ves el que estaba debajo. Pero hay un tipo de iluminación que son las tomas de consciencia profunda que hasta físicamente te resetean el cerebro. Es como un rayo que te entra, como una energía eléctrica que te da la conciencia y tu cerebro entra en esa orden. Pero el problema de mucha gente es cuando se creen que ya está, entran en el “yo ya”. Para nuestra mente es complejo de entender: cuanto más te trabajas, más complejo es. Cuando alguien está en cuarto de carrera no puedes pretender que te traten como cuando estabas en Primaria.

30. El trabajo continúa, pero al mismo tiempo tienes más…

Más satisfacción, sí. Tienes más libertad, y a más libertad, más responsabilidad. A más conciencia, más responsabilidad. Más amor, más responsabilidad. El universo es impresionantemente generoso. Porque nos está dando todos los días infinitas posibilidades para que veamos dónde estamos, para qué estamos, quiénes somos, infinitas oportunidades de abundancia, de amor, de milagros… pero tenemos que cogerlas. Esperamos que venga alguien y lo haga por nosotros y eso no funciona así.

31. Creo que el problema es que mucha gente prefiere el placer instantáneo y por eso dicen: “ya me lo miraré otro día”.

Sí, jaja, “ya me lo miraré otro día” o “ya se lo mirarán los demás”. Es así porque lo cómodo, lo fácil, es considerar que si yo estoy mal es por culpa de los otros. Y tal y como está hoy el mundo y cómo lo presentan las noticias es fácil y cómodo quedarse en “esto está fatal y yo no puedo hacer nada”. Si estoy mal es por culpa de los otros. Se trata de que yo haga lo que pueda por mí, aquí, y eso no es poco, porque todo lo que hago por mí revierte de forma positiva en mí y en los demás, igual que lo que hago en contra de mí revierte de forma negativa en el mundo.

Extracto de 'Amar sin sufrir. El libro de los hijos'. © Curro Cañete

Extracto de ‘Amar sin sufrir. El libro de los hijos’. © Curro Cañete

32. En la página 43 escribes: “Más allá de la evidencia de que la felicidad personal es responsabilidad de cada cual jamás otorgaremos la felicidad a otro dejando de ser quienes somos, dejando de ser quienes hemos venido a ser solo lograremos robarnos la posibilidad de nuestra propia realización”.

No sé en qué momento se confundió la lealtad con el mantenerme unido al otro en el sufrimiento. No lo entiendo. Si estamos aquí es porque somos capaces. Este no es un mundo de incapaces a pesar de lo que nos venden y de cómo nos atrofiamos. Entonces para qué. Para mí es la pregunta clave de todo, para qué voy a dejar de ser yo, ¿para que tú no te incomodes? ¿para que tú no te sientas pequeño? El día que quieras reflejarte en mi grandeza en lugar de tirarte al suelo y ponerte por debajo empezarás a brillar. Pero no por hacerme yo a mí pequeño te voy a hacer a ti grande, al contrario.

33. ¿Cómo conseguir que si otra persona no te entiende eso deje de afectarte o que te afecte menos? Porque si te afecta mucho puede incapacitarte para hacer lo que tú quieres hacer. Que no te afecte tanto que otro te pueda considerar egoísta o que una parte de tu cabeza te pueda considerar egoísta.

A ver, yo puedo ser siempre y cuando no esté doblegando la voluntad de otro. En el momento en que tú necesitas que otro te entienda es porque una parte de ti necesita tener razón y justificar lo que está haciendo.

34. No estás confiando en ti mismo.

Efectivamente, y ahí lo que está apareciendo es tu ego. Y el ego, ese que la gente quiere extirparse como si fuese un apéndice, es nuestro gran maestro que nos enseña dónde no estamos amándonos. Cada vez que salta el ego tenemos que pararnos y mirarlo y decir “gracias. Me estás enseñando dónde yo he cerrado una puerta al amor. Y donde la he cerrado yo la puedo abrir”. Pero si yo necesito que tú me entiendas… eso se ve mucho en las parejas. Si estás con una pareja lo normal es que haya un entendimiento de base, una complicidad y unos puntos en común, lo cual no quiere decir que todo lo que yo haga y todo lo que yo disfrute tú tengas que compartirlo. Para que sigamos creciendo como pareja necesitas seguir creciendo como individuo. Y no necesito explicarte para que tú me entiendas. Puedo compartirlo, pero eso es diferente a justificarme. No necesito ni siquiera confirmar que te has dado cuenta, ¿te has dado cuenta de lo buena persona que soy, de cuánto he evolucionado? Todo eso es el ego.

35. “Creamos aquello que creemos”, escribes en el libro. ¿Cómo es de grande el poder de nuestras creencias?

Inmenso. Yo hablo en dos de mis cursos de nuestra varita mágica, que es el poder del verbo, ser consciente de lo que dices, de lo que te dices, qué palabras usas, qué carga, con qué desprecio, con qué tono, desde dónde lo estás diciendo. Y en los dos cursos lo digo porque estoy convencida. Cuando digo a la gente “ahora vamos a hablar de una varita mágica que es todopoderosa, que te va a conceder todos tus deseos”, los ojos se encienden, pero cuando digo que es el poder del verbo las caras son como de desilusión. Es como si por el hecho de que es algo que lo tenemos todos, no fuera importante y fuera vulgar. El poder del verbo es algo que está activo de forma constante a pesar nuestra. Cuando tomas consciencia de esto tienes que responsabilizarte de lo que expresas verbalmente y también de lo que te dices en tu cabeza, porque el poder del verbo está en el pensamiento de forma constante. Pero cuando toca responsabilizarse eso a la gente no le interesa tanto. Quieren magia sin responsabilizarse de ella. Te decía esto porque el código de las creencias es el verbo. Y las creencias son las murallas que hemos construido para custodiar nuestros valores. Nuestros valores son sagrados y necesitamos manifestar una realidad que justifique esos valores. De ahí el poder de las creencias. Cuando me doy cuenta de que puedo cambiarlas para así obtener otros resultados, algo cambia. Cuando cambio un valor que tenía porque me doy cuenta que ya no lo necesito porque hay otro más grande que me resuena, las creencias cambian. Cuando me doy cuenta que ese castillo con valores y creencias es un homenaje a mis padres y ancestros y que yo no soy eso, cambian.

36. Escribes en el libro: “Manteniendo una actitud de víctima jamás se puede reinstaurar el poder esencial desde el que las mejores maravillas son posibles”. ¿A veces las víctimas son víctimas de sí mismas?Siempre. Y las víctimas son los peores verdugos. Esto es curioso y controvertido. Es como lo del sufrimiento, cuando alguien está en el sufrimiento no entiende nada, y cuando alguien está en el papel de víctima, te va a decir: “Qué sabrás tú, no tienes ni idea”. La víctima es la que instigando al verdugo. Necesita un verdugo. Te pincho, te pincho, te pincho hasta que saltas, y entonces digo: “¿Ves? Otra vez a mí”. Esto pasa en cualquier tipo de relación pero a nivel genérico de la vida la víctima no hace ningún caso, ningún uso de su poder, de su responsabilidad. Cada instante en su vida se convierte en una víctima de sus circunstancias, pero es que sus circunstancias son su propia manifestación para poder seguir siendo la víctima. Esto es la pescadilla que se muerde la cola. Por eso es uno de los papeles más peligrosos.

37. Porque se pueden quedar ahí de por vida.

Sí. Las víctimas encuentran a sus verdugos en su jefe, en su compañero de trabajo, en su marido, en su hijo. Lo buscan constantemente. Lo que pasa es que el tema de las víctimas tiene mucho que ver con las madres. Porque las madres se ponen el cartel de víctimas muy rápido. Se confunde el sacrificio con el amor y el amor no es sacrificio.

38. Tu trabajo está sirviendo a mucha gente.

Mi autoexigencia es espartana. Esa autoexigencia se me proyecta en preguntarme cómo es posible que todavía estemos así, con lo fácil que es. Es simplemente que elijas darte el permiso de comprobar que se puede ser feliz. Y hay muy poca gente que se dé ese permiso. Y hay demasiada gente que está en el “dame más”, a mí, a la vida, a los padres, a todo el mundo. Pero, ¿estás siendo consciente de lo que estás recibiendo?, ¿le estás sacando el partido a lo que estás consiguiendo?, ¿te has dado cuenta de lo que tienes delante?, ¿qué estás pidiendo? Y ese “dame más” es desde la exigencia y desde el juicio.

39. Has pasado de todo en estos más de veinte años que llevas dedicándote a tu misión. Pero al final todo se ha terminado ordenando.

Hay más satisfacción y plenitud, pero el trabajo continúa. A veces dices: “¿Un descansito?” Pero no, este juego no se acaba. Por eso cuando veo a gente que descubre algo y se cree que ya, pienso: “Madre mía, no te quedan universos.”

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