Vuelve Ana María Matute

Ana María Matute, en su casa de Barcelona, junio de 2013. Foto: © Curro Cañete

Mañana martes sale a la venta ‘Demonios familiares’ (Ediciones Destino), la novela póstuma de Ana María Matute. Recordamos a la escritora y ofrecemos un pequeño adelanto.

Ana María Matute, en su casa de Barcelona, junio de 2013. Foto: © Curro Cañete

Ana María Matute, en su casa de Barcelona, junio de 2013. Foto: © Curro Cañete

libroQué suerte tenemos. Los lectores de Ana María Matute tenemos mucha suerte porque en los últimos años de su vida la escritora hizo lo mismo que cuando era niña y jugaba con otros niños de la guerra y la encerraban en un cuarto oscuro, es decir, lo mismo que cuando fue joven y la dictadura trató de arrebatarle lo único que ella jamás iba a consentir que le arrebatasen, su propia libertad, y lo mismo que luego, cuando le quitaron a su hijo, ese hijo que tenía ocho años y la mirada triste de los niños a los que separan de sus madres, hizo lo mismo Ana María Matute en los últimos años de su vida que siempre, porque ella no fue una mujer como las demás, ella era mágica, su presencia era mágica, y por eso, porque desprendía algo que otras personas no desprenden, y porque hizo que su vida fuese diferente hasta el final, no la olvidaremos nunca, jamás podremos olvidarla sus lectores, que tanta suerte tenemos, porque mañana, mañana mismo, estará disponible en librerías ‘Demonios familiares’, su última novela, que es una novela maravillosa, verdaderamente maravillosa, no solo por lo que cuenta, que es mucho, la historia de Eva, una niña como ella, curiosa, excitable, abierta a lo bueno, a las sorpresas, a la bondad del mundo, alguien que sabe, presiente, y por eso lo sabe, que va a suceder algo muy gordo, algo que lo va a cambiarlo todo.

No sólo por lo que cuenta, sino también por lo que contiene, que es mucho más todavía, la valentía de una mujer de casi noventa años que se esforzó hasta el final de sus días por seguir escribiendo pese a sus achaques, pese a sus vértigos, pese a unos problemas de salud que no consiguieron que ella no hiciese lo que quería hacer, escribir, escribir en silencio y sola, siempre sola.

“Porque escribir es una aventura solitaria”, me dijo aquel día en su casa de Barcelona, meses, casi un año antes de morir, y cuando me dijo eso, cuando Ana María me contó que si ella no podía escribir se moría, porque ella no concebía la vida sin la literatura, yo ya estaba totalmente atrapado por su halo misterioso, y por el encanto de una anciana sincera, coherente, llena de luz y divertida, muy divertida, capaz de decir en cualquier momento algo no por certero menos disparatado o tronchante. Aquel día, en su casa de Barcelona, me contó muy poco de estos ‘Demonios familiares’ que ahora publica Destino, su querida editorial, la misma que apostó por ella cuando nadie lo había hecho todavía, desde el principio, desde su primera novela publicada, ‘Los Abel’, una historia con la que quedó finalista del Premio Nadal, que fue el primero de muchos, muchos reconocimientos, todos los premios que ha merecido esta escritora valiente en una trayectoria literaria plagada de éxitos y de lectores que ahora se cierra con esta historia que acabaremos nosotros, los lectores, porque ella no pudo, ella murió antes de tiempo.

 

“Para Eva, la protagonista, comenzar a vivir es un puro estallido de emociones discordantes que acaban reventando por donde menos puede imaginar. Porque vivir, decía Ana María, acaba siendo realmente un viaje al centro de uno mismo, un centro que sólo nos pueden descubrir los otros, es decir, el amor”, nos explica Silvia Sesé, su editora, que tiene más suerte todavía que nosotros, sus lectores, porque estuvo con ella hasta el final, hasta los últimos momentos de hospital estuvo dando y recibiendo amor a Ana María Matute.extracto ok

 

“Sí, sigo escribiendo la novela. Se titula ‘Demonios familiares’ —Ana María tomaba un café con leche y estaba a gusto, en su casa, respondiendo a todas mis preguntas con su vocecilla de niña, la mirada de niña, y por tanto de sabia—. Lo que pasa es que me han venido vértigos, y me cuesta mucho. Pero los estoy venciendo. No es que hayan mejorado pero yo, con mi fuerza de voluntad, los voy venciendo. Porque aquí donde me ves, tan pequeñuja, tengo una fuerza de voluntad enorme para lo que yo quiero, no para lo que quieren los demás”

Cuatro años estuvo escribiendo, a mano, siempre en soledad, esta historia que ahora, desde mañana, ya es nuestra historia también. Cómprenla. Y disfruten siempre haciendo una de las cosas que más le gustaba hacer a ella: leer.

 

leerla es quererla